Dos días casi sin dormir preparando el dichoso examen de física de Bachillerato. Era un examen crítico, así que decidí poner toda la carne en el asador y estudié como nunca lo había hecho en mi vida.
El día del examen mi agotamiento mental era tal que casi no recuerdo ni como llegué al aula. Leía y releía los enunciados, pero mi cerebro estaba colapsado, así que entré en pánico.
Me recliné hacia atrás y mirando al cielo pensé: «¿No habrá ningún genio ocioso que pueda ayudarme?»
Al bajar la vista, me llamó la atención ver que alguien, a quien no podía identificar, ocupaba el pupitre de al lado. Me intrigaba la extraña maraña de pelo que tenía este desconocido compañero, pero mi mayor sorpresa vino cuando la cabeza se giró hacia mí y pude ver al mismísimo Einstein sonriéndome y mostrándome una cuartilla con las soluciones a los problemas.
No me cuestioné la situación. «¡Psch!... ¡Einstein, ayúdame! ¡Déjame la hoja!»
Me estaba tendiendo la hojita salvadora cuando se detuvo a releerla de nuevo y entones la retiró y comenzó a garabatear signos extraños en un alfabeto que solo los extraterrestres y los dioses podrían conocer.
Yo desesperaba, «¿Qué haces? ¡Dame eso ya! ¡Psch! ¡Einstein, no te pongas ahora a elucubrar hombre!»
¡Cruel ironía de mi destino!. Einstein estaba desbordado por la inspiración y ya escribía incluso sobre la propia mesa.
Volví a alzar los ojos al techo y entonces sentí un estremecimiento, y otro…Y una voz autoritaria que decía: «¿Meditando o durmiendo, Sr. Nieto?»
Aún tuve reflejos para responder: «¡Meditando, meditando!»
? Pues procure no roncar mientras medita.
Oí una carcajada general y sentí que una mezcla de vergüenza y rabia se apoderaba de mí al descubrir que me había dormido unos segundos.
La adrenalina ayudó a movilizar la sangre al cerebro y se desatascó el bloqueo mental y comencé a resolver el examen.
El examen salió perfecto, pero hubo algo que me dejó marcado para siempre y fue el hecho de que a medida que resolvía los problemas me iba dando cuenta de que las soluciones coincidían con la imagen de la hojita que agitaba Einstein.
Santiago Nieto Mengotti. 64 años. Betanzos.