El ruido de las bombas estallando a pocos metros y el zumbido de las balas silbando a su alrededor son imágenes que Jorge nunca ha podido olvidar, antes al contrario, crecieron y se retorcieron en su cabeza mientras buscaban una salida que pensó que nunca llegaría. Nunca entendió porque sus vecinos de entonces se mostraron tan violentos en las reivindicaciones de lo que ellos llamaban su país, sus raíces. Él había nacido allí y no sentía que ni él ni sus familiares hubieran arrebatado nada a nadie. No comprendió que de un día para otro aquella niña, Lucia se llamaba, con la que coincidía en el asiento del autobús camino del colegio, y con la que se reía todas las mañanas, ahora, según le contaban sus padres, se había convertido en su enemiga. Quieren que nos vayamos, le decían, y al final se fueron. No fue fácil para Jorge y su familia rehacer su vida en otro lugar, empezar de cero mirando siempre de reojo a su alrededor por el temor de verse de nuevo señalados, y sin embargo, lo consiguieron, aunque fue a costa de diluirse en el anonimato de una gran ciudad extranjera en la que el individualismo es la única identidad y en la que tu vecino es un desconocido. Tenía la permanente sensación de que la gente al verlo leía en su mirada la sentencia del exilio que lo acompañaba, era como si llevara una etiqueta cosida en la solapa de la chaqueta identificándolo como un excluido. 25 años después, Jorge volvió a su misma calle de entonces y se encontró con Lucia, pero ya no eran los mismos. Ella también había huido, aunque nunca salió de la ciudad. Había huido a su mundo interior del que nunca pudo salir y al que nadie pudo entrar. Lucía no reconoció en la persona que tenía delante al niño del autobús que la acompañaba, pero le regaló una leve sonrisa y Jorge, lejos de verla como una enemiga, comprendió que los dos habían sido víctimas de las distintas maneras que tiene el sufrimiento de mostrarse y, por primera vez en todo ese tiempo, el ruido que siempre rondaba en su cabeza desapareció.
Carlos del Canto de la Fuente. Funcionario. 59 años. Oleiros.