Estaba soñando, claro que soñaba. Porque esas cosas no pasan en la vida real. Sonaría raro decirle a alguien que te habían clavado un cuchillo en el esternón, pensando que te matarían. Pero se marcharon y en vez de correr la sangre hacia afuera, encharcando el suelo, volvía hacia dentro para cerrar la herida abierta como el pegamento.
Pues bien, ahí no acaba la cosa. Después de que te levantaras con la herida curada y salieras pensando que esa persona se había marchado, qué sorpresa al ver que no era así, que estaba esperando a que hicieras eso para que volvieras a sufrir de nuevo ese dolor, el que se siente cuando has apartado a todos los que te querían de tu lado y luego acabas siendo asesinado por tus miedos. Así que la persona que me clavó el cuchillo se volvió para enseñarme su rostro, me sorprendí al descubrir que era el mío.
Estaba soñando, claro que soñaba. Sonaría raro decirle a alguien que te habías alejado de la felicidad por el miedo, pero era la verdad. Espero que alguien, algún día, sea capaz de meterse dentro de mi pozo de miedos y arrancármelos.
Yolanda González Cid. Estudiante. 19 años. A Coruña.