Voy caminando hacia la playa cuando la veo: pelo rojo y ondulado, miles de pecas bailando en su rostro y ojos brillantes y curiosos que miran de un lado a otro, intentando absorberlo todo a su alrededor.
De pronto, su mirada y sus pasos se detienen. La veo sonreír mientras se acerca al pequeño tesoro que la naturaleza le regala esta mañana de verano. Un erguido diente de león espera a una caminante traviesa que se detenga a soplarlo, esparciendo sus semillas por el campo circundante. Justo cuando está a punto de soplarlo, me descubre observándola. Compartimos una mirada y me dedica una sonrisa pícara y cómplice. Su aliento se mezcla con la brisa del mar y hace bailar las semillas del diente de león, que se alejan como pequeños paracaídas buscando donde posarse. Me recuerdan a bellas bailarinas que se mueven al compás que marca la música del viento. Pura magia. Un regalo. Un secreto compartido.
Marta Santomé Malvido. Educadora infantil. 39 años. A Coruña.