Dragones

María Tubío Boo

RELATOS DE VERÁN

María Tubío Boo. 17 años. Calo, Teo. Estudiante

29 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Cada uno de nosotros trae consigo al mundo un pequeño dragón. Todos somos diferentes por lo que cada dragón es diferente también, algunos más cariñosos, otros más ariscos. Simbolizan nuestras vidas y solo nosotros tenemos el poder de destruirlo pero claro... eso significaría nuestra propia autodestrucción. A veces los matamos sin darnos cuenta por malas decisiones que acaban lentamente con las ganas de vivir. Otras veces viven eternamente con el recuerdo de nuestros seres queridos. Yo misma he podido comprobarlo años atrás, en un fatídico día que quedaría grabado en mi piel.

Vivía con mi abuelo y no teníamos mucho dinero. Yo le mentía diciendo que me iba a trabajar a la tienda cuando en realidad me juntaba con gente de la peor calaña. Me convencieron para robar. ¿Era mucho más rentable que partirse la espalda por cuatro duros, no? Llevábamos siempre una pistola, solo para asustar en caso de que algo saliera mal, pero todo iba bien, nunca nos descubrían. Aquel día me tocaba a mí cargar con ella. Entramos en el piso, pero el hombre se despertó y todo salió mal. Me puse nerviosa y apreté el gatillo sin querer. Salimos corriendo y me fui a mi casa. Mi abuelo se preocupó mucho, pero no le dije ni una palabra. Me encerré en la habitación y el miedo me invadió por completo.

Al día siguiente anunciaron el asesinato en la televisión y sentí cómo los remordimientos me comían lentamente con cada día que pasaba. No podía comer ni dormir... y mi dragón comenzó a enfermar. Llegó un punto en que ya no pude soportarlo más. Cogí unas tijeras y me encerré en el baño. Las lágrimas comenzaron a brotar y unos golpes desesperados sonaron en la puerta al cabo de unos minutos. Supuse que el abuelo ya habría visto el cadáver de mi dragón sobre la repisa. Me corté rápidamente y me desmayé justo antes de ver cómo la única persona que me importaba entraba precipitadamente en la estancia. Me desperté en el hospital sola y con un dragón a mi lado... el dragón de mi abuelo, quien desapareció sin dejar rastro. Mi abuelo lo dio todo por mí y yo, a cambio, tomé un camino diferente. Todavía sigo luchando por una vida mejor.