Nunca me gustó la espuma del café

Carmela gonzález Paz

RELATOS DE VERÁN

16 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Nunca me gustó la espuma del café. La gente que piensa que es la mejor parte se equivoca, no ven que es un engaño. La espuma sirve de relleno, con ella consumes una cantidad menor de líquido, sustituyéndolo por nada más y nada menos que aire, solo aire, igual que el de las bolsas de patatas fritas. Para Marcos, un café sin espuma no era un café, y el que se estaba tomando en ese momento con Carla era perfecto. En esa situación de farsa lo mejor que podía introducir a su estómago era otra farsa del mismo calibre. La vida está llena de trucos y engaños, empezando por nuestro satélite, la Luna. Siempre se ha dicho que la Luna es mentirosa, y esto es una buena justificación para la falsedad que reina en nuestro planeta. En el verano de 1998, cuando yo aún era una niña y Marcos estaba dejando de serlo, viajamos a Tenerife, como cada año. Por primera vez me sentí muy cerca del fraude. Todo empezó con nuestra madre, que besaba a papá como por inercia, sin sentirlo ni desearlo. Se limitaba a asentir con la cabeza y fingir felicidad plena ante nosotros, y ante ella misma. Aquel verano me prometí que nunca sería como ella. Al mismo tiempo que mamá se mostraba ingenua y fingía ganas de vivir aquella pantomima de vida, Marcos besaba a su amigo Julio en la playa a media noche. Éramos la familia perfecta, cara al exterior, claro. Teníamos todas aquellas cosas que aparentemente garantizan la felicidad y reafirman el éxito. Ahora, cuando cruzo la calle y escucho los semáforos, los que pitan, siempre pienso en mamá, que sigue ciega y necesita ayuda para no ser atropellada por su rutina de mierda. También pienso en Marcos, que se hace el ciego para no ver de él mismo lo que todos vemos en él. Pero no me olvido de pensar en mí, tampoco me vendría mal aprender a escuchar esos pitidos.

Carmela González Paz

17 años.

A Coruña.