Nadie merece nada

Miguel Ángel Alonso Melero

RELATOS DE VERÁN

Miguel Ángel Alonso Melero. 56 años. Culleredo. Economista y artista

09 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

Estoy cansado. Todo el día trabajando y no tengo tiempo ni para gastar un poco de dinero. Tanto dinero. Tanto dinero que ya no sé qué hacer con él. Una habitación de mi casa llena de dinero. Al principio colocaba los billetes por valor y número de serie, algo que me entretenía y hacía pasar largas noches sin dormir hasta lograr el orden correcto. Pero la habitación se va haciendo pequeña y no paro de trabajar. No puedo parar. Y aun encima mi sentimiento de pobreza crece a medida que crece el montón.

Es una extraña sensación que no tiene cura para mí. De pequeño adquirí la obsesión de acumular dinero y ya lo hacía a espaldas de mis hermanos y padres. Leyendo los cuentos del Pato Donald fue dando forma a la idea. El Tío Gilito tenía un gran edificio blindado lleno de dinero.

El problema es muy grave porque el espacio de la habitación se acaba y ahora ya no tengo tanta energía como para mantener el escrupuloso orden de los billetes, y, cuando llego a casa con más dinero, sencillamente lo arrojo adentro de la habitación con aire molesto y desgana. Nadie sabe nada de este problema porque vivo solo y mantengo la habitación cerrada con llave.

Hoy le hablé del problema a la camarera colombiana del bar donde todas las tardes tomo el café y se ofreció a llevarme un orden. Colaborar. Pero no. Tampoco. No tengo hijos, no tengo familia, no tengo amigos y ninguna amiga me resulta sólido pilar para tal herencia.

Voy tomando conciencia de que un día todo esto se va a acabar. Aunque permanezco atento a las noticias que anuncian la posibilidad de alcanzar la vida eterna. En previsión de no poder alcanzarla, he comprado ya varias latas de gasolina y fósforos en abundancia para, cuando llegue el momento, y justo un segundo antes de que mi corazón diga basta, activaré la destrucción. Nadie merece nada.