Dorsal 46

Isauro González García

RELATOS DE VERÁN

Isauro González García. 51 años. Quiroga. Técnico de telecomunicaciones

04 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

¡Te saca 25 segundos! Le transmiten por el pinganillo. El cerebro de Diego resta esos 25 segundos de los 53 que tiene de ventaja sobre su rival, el alemán Taulin, que ahora iba por delante de él en la subida a Alto da Boimoá. Retener alguno de esos 28 segundos en los 10 km restantes de dura subida, con tramos del 17 %, marcaría la diferencia entre el triunfo y el fracaso de la temporada para el corredor gallego del Tinisgodi Team.

«¡Vamos gallego!», le grita un aficionado que corre en paralelo con él por su derecha, mientras que por su izquierda le rebasaba una moto de la organización. Mete un diente más, alterna el pedaleo de pie y sentado. Diego sabe que su rival le está restando más tiempo. Y aparecen sus enemigos mentales, esos pensamientos negativos que le invaden cuando recuerda a Lucía, su ex, que lo dejó meses atrás reprochándole que el ciclismo era más importante para él que su relación de pareja. Ella nunca entendió la pasión de Diego por el ciclismo, ni cuando esta se convirtió en su profesión y medio de vida. Última etapa de la Vuelta, y ahí está, el dorsal 46 y maillot rojo, Diego González, bloqueado mentalmente, y pedaleando por inercia.

¡Un minuto! El teutón le aventaja en 7 segundos, es líder virtual, restan más de 2 km, y la cadencia de pedaleo de Diego va decreciendo. Al salir de una curva, siente cómo una mano le da un empujón en la espalda que, en lugar de ayudarle, le desequilibra. Con una maniobra circense evita besar el rugoso asfalto. Recuperado el equilibrio, junto a la pancarta de 2 km escucha una voz que le resulta familiar, y al girar la cabeza atisba una joven cuya cara con gafas de sol le recuerda a su añorada Lucía. ¡Lucía! Sí, no hay dudas, es ella, la que nunca había ido a verlo a las carreras, y hoy estaba presenciando su calvario. La joven retira sus gafas de sol y le lanza un beso. Un escalofrío recorre el cuerpo de Diego. Se pone de pie sobre su bici, cambia desarrollo, mueve con rabia la bici de un lado a otro. Encara los últimos 200 metros de la línea de meta presidida por una pantalla con un cronómetro que indica que hace 40 segundos que ha llegado su rival. El dorsal 46 cruza la línea de meta, y el cronómetro se para en 52 segundos.