José Manuel Dorrego Sáenz. 50 años. Madrid. Diseñador gráfico
03 ago 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Los náufragos de esta isla medimos mucho las palabras, es algo que tenemos muy presente a lo largo del día. En su momento llegamos a ese pacto y, hoy por hoy, es innegociable. Sé que muchos de nosotros (yo el primero) hemos tenido alguna vez la tentación de romper esa norma, pero debemos concienciarnos de que hay que ser muy estrictos con las reglas. En nuestra situación, no se puede tener manga ancha, porque cualquier atisbo de flexibilidad terminaría siendo una invitación al anarquismo, algo inviable en nuestra estructura. Ya nos gustaría ser anárquicos, pero en determinadas circunstancias no se puede caer en el libre albedrío. También nos gusta afeitarnos la barba y cortarnos el pelo en cuanto vemos que comienza a aproximarse a la altura de los hombros. Para nosotros sería mucho más fácil dejárnoslo crecer y despreocuparnos de nuestro aspecto, pero lo más fácil no siempre es lo más correcto. Podríamos desentendernos de nuestro aspecto exterior y seguro que viviríamos más relajados, y es precisamente en la relajación en lo que queremos evitar caer. Lo cómodo es ser un náufrago y tener aspecto de náufrago. Lo complejo es estar aseados y presentables, como si estuviésemos en esta isla de paso. De eso se trata: un poquito de distinción.
Los náufragos de esta isla, decía al principio, medimos mucho las palabras. Cincuenta palabras por día, para ser más preciso. Así, a primera vista, cincuenta palabras por día pueden parecer muchas, pero te aseguro que es un número bastante limitado. Entre saludos, palabras de cortesías, despedidas y frases hechas, te vas quedando sin ellas al caer la noche.
La ventaja de medir las palabras es que rara vez te arrepientes de lo que has dicho. Antes de abrir la boca, sopesas que lo que vayas a decir no necesite una rectificación, lo que supondría un derroche de vocablos que no te puedes permitir. Hay que tener en cuenta que siempre conviene guardar alguna palabra de reserva para explicarles a los que llegan de algún naufragio que no son bienvenidos en nuestra isla. En nuestra isla, no.