Félix Tojal. 56 años. Vigo. Médico
09 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Fue bastantes años antes de que todo sucediera cuando empecé a jugar a la lotería. Siempre el mismo número. Nunca me tocaba nada, pero yo seguía jugando cada sábado. Una vez me olvidé de comprar mi décimo. Y ese sábado fue el gordo. Me sentí muy desgraciado, pero seguí jugando. El mismo número, la misma mala suerte. Un par de años después volví a olvidarme. Y esa semana mi número volvió a ser el gordo. Odié la lotería y decidí dejarlo. Pero ¡horror! En el siguiente sorteo el gordo volvió a caer en mi número. No podía ser solo cosa de azar. Me vi metido de lleno en algo siniestro y sobrecogedor. Las cosas empeoraron. El Organismo de Loterías sospechó algo anormal en esa repetición de resultados y decidió no pagar los premios y suspender los sorteos. No solo los premiados, sino la población en general, muy aficionada a la lotería, reclamaron duramente. Como los ánimos ya estaban muy excitados por la crisis y los recortes, las protestas pronto subieron de tono. Hubo manifestaciones y revueltas que terminaron con violencia y heridos. Parecía cuestión de días que hubiera muertos. Yo estaba aterrado y en la confusión de interminables noches de insomnio me veía como el causante de toda aquella locura.
Finalmente, el Gobierno intervino y, tras exhaustivas comprobaciones de bolas, bombos y mecanismos, que no apreciaron ninguna anomalía, anunció el reinicio de los sorteos.
Sin perder un minuto compré mi décimo. Por supuesto, no me tocó, pero el sorteo transcurrió sin incidentes. Desde entonces, sigo jugando cada semana con mi mala suerte habitual pero feliz por tener aplacado al monstruo y evitar Dios sabe qué tragedias para la humanidad.
Nota aclaratoria: Disculpen que no les revele mi número. Es por su propia seguridad.