Bibiana Fernández . 28 años. Ourense. Contable
09 ago 2016 . Actualizado a las 05:00 h.-¿Sabes?, la gente siempre habla de lo mucho que puede cambiar la vida en solo un segundo. Un efímero instante que separa tu mundo y no hay pegamento que valga. Para bien o para mal. Ayer pobre, hoy feliz, antes rico, después moribundo. Ayer níveo, hoy tiznado. Ahora negro, mañana blanco. Sin embargo, yo siempre pienso en los días grises. ¿Sabes de lo que te hablo? No, claro que no sabes.
-... -Largo suspiro emite su oyente.
-Déjame que te explique -prosigue-. Un día gris es aquel que empieza siendo negro, nefasto, uno que recuerdas con amargura y pesar. ¿Has vivido ya alguno de esos? No, si te lo tienes que pensar, es que no. Pero tú escucha, escúchame bien, porque años después, tal vez décadas, descubres que sin ese deprimente, oscuro y hasta humillante hecho de tu inútil existencia, no estarías hoy aquí. Y de estar, muchacho, ten claro que te hallarías en peores circunstancias vitales.
-No serías -responde con pesar tras la ventanilla- ni siquiera el cero a la izquierda que aparentas ser ahora mismo.
-¡Pero mira al novato!, ¡qué rápido aprende! O al menos eso pienso yo. No sé cuánta razón llevaré porque otra vida, que yo recuerde, no he tenido
-Lo sé, lo sé. Lo que aún desconozco, don José, de estado civil casado, señor que no deja avanzar la cola esta mañana, es la fecha en que se celebró dicha unión.
-Pues, si aprendieras a escuchar a tus mayores y te dejaras de tantas prisas, verías que eso mismo es lo que estoy tratando de contarte.
-¿Un día gris?
-De marzo.
-¿Del año?