Cenizas

Sandra Iglesias PSICÓLOGA | BOBORÁS

RELATOS DE VERÁN

El bote se mece suavemente. Tumbada sobre el fondo de la embarcación, con los brazos haciendo de almohada, observo la completa oscuridad que se eleva sobre mí. Es una noche tranquila. Cielo despejado. Cientos de estrellas. Como la noche que te conocí. ¿Te acuerdas? Entonces era verano y ambos habíamos abandonado la zona de cámping para contemplar la laguna.

¿Fue un flechazo? ¿El destino? ¿Un capricho de los dioses? Han pasado trece años y todavía no sé la respuesta. Pero no es lo único que desconozco. ¿Dónde estás ahora? ¿Puedes verme? ¿Puedes oírme? ¿Puedes entender todo este sufrimiento, este caos, este desvarío? ¿Toda esta locura desatada desde el accidente?

Desde que vi la sangre y temí que no volvieses a tocarme, a besarme; desde que tus párpados cerrados me confirmaron que no volverías a mirarme. Dime: ¿sigues ahí? ¿O simplemente has desaparecido? Cenizas esparcidas en esta misma laguna para alimentar a los peces que nadan, silenciosos, bajo las tablas del bote.

Siento las lágrimas en los ojos y dejo que broten libremente. Mañana volveré a casa con nuestra pequeña y me pondré de nuevo la máscara de fortaleza. Pero esta noche no. Esta noche dejaré lugar a la tristeza.

Hace frío y a lo lejos ya se precian los fuegos artificiales. Los intensos colores iluminan el cielo, compitiendo con las estrellas y burlándose de mi desconsuelo. El año ha terminado y la gente saldrá de sus casas con la lista de propósitos bajo el brazo para celebrar que sigue viva, que sigue soñando.

Pero no te preocupes. Me quedaré aquí contigo hasta que amanezca. Entonces volveré a casa y escribiré mi propia lista.