Disforia

La Voz

RELATOS DE VERÁN

Relato de verán de Juan Negreira. 36 anos. Santiago de Compostela

14 ago 2015 . Actualizado a las 08:42 h.

Creo que muero cuando duermo y la persona que se levanta de mi cama ya no soy yo. Es algún otro diferente. Me imita y viaja bajo mi pasaporte. Queda con mis amigos y dice las palabras que yo diría. Se come mi comida y se sienta en la silla de mi despacho. Piensa en cosas que yo pensaría y desea cuerpos que yo desearía. Pero no soy yo. Ese impostor se renueva cada mañana. Siempre es uno nuevo y diferente, pero nunca soy yo. Jamás yo.

Perdido y atrapado en esta situación en la que me veo, tengo que ver como otros, personalidades diferentes de un día de vida, se llevan a los labios (¡que no son los míos!) la cuchara jugosa de mi propia vida. Y es entonces, en el momento más arduo y desesperado, cuando fantaseo que alguien se dará cuenta. De que yo no soy yo. De que yo soy otro, otros. Y me hará emerger con su hallazgo. Me reclamará a mí y solo a mí.

Por eso presto atención cuando los sucios impostores besan a una dama.

Miro de reojo, en esas ocasiones, para ver si la dama abre los ojos en el ecuador del ósculo y chilla aterrada: «¡No eres tú, impostor!». Y reclama con indignada vehemencia mi presencia. Miro, febril, en esos besos robados, destinados a mi persona, míos, si el amor al fin deshace este conjuro demoníaco que me envuelve.

Pero nunca pasa nada y mi impostor ejercita sus labios impunemente, me guiña un ojo para burlarse de mí y se lleva a la inconsciente dama a la cama. Para poseerla, sin duda.