Dayot Upamecano, el defensa de cemento que fue objeto de burlas por tartamudear

QATAR 2022

KIM HONG-JI | REUTERS

El zaguero recurrió a un músico de orquesta para mejorar su capacidad para comunicarse con sus compañeros en la zaga

03 dic 2022 . Actualizado a las 22:08 h.

Francia se ha consolidado, en los últimos años, como el mayor productor de defensas centrales. La nómina de zagueros de primer nivel es extensa. El seleccionador, entre tanto talento, convocó para Catar a Varane, Konaté, Saliba y Upamecano. El defensor del Bayern ha sido titular en los dos primeros duelos de Les Bleus y descansó en la derrota ante Túnez. En su primer Mundial, es el francés que más balones recupera (casi trece cada noventa minutos) y el que más pases acertados realiza, con casi un 75 % de éxito. «Sé que no siempre he estado bien en la selección, pero no quiero mirar atrás», apuntó Upamecano, decidido a dejar atrás su dubitativo inicio con el combinado francés, en el 2020. Hoy se postula como un seguro de vida ante Polonia.

Campeón de Europa sub-17 con Francia, lleva años asentado como uno de los defensores con mayor potencial. Todo empezó en los campos de cemento de Evreux, la ciudad en la región de Normandía en la que creció. «Siempre éramos cinco contra cinco. No había árbitro, así que era muy intenso. Jugábamos durante horas sin parar», subrayó el zaguero, en una entrevista con los medios oficiales del Bayern. En esta dura superficie se curtió como defensa, pese a que por el camino coleccionase varias heridas en las rodillas. «Tienes que ser capaz de soportar el dolor si se quiere ganar», remarcó.

Velocidad y fuerza

El jugador, como si se tratase de un guiño a sus orígenes, es ahora puro cemento sobre el césped, gracias a su capacidad de anticipación y su velocidad, congregadas en un cuerpo atlético de 90 kilos y 1,86 metros de altura.

«Eres una bestia». Eso le dijo una y otra vez su actual técnico, Julian Nagelsmann, cuando ambos militaban en el Leipzig. Quería motivarle antes de un partido crucial: los cuartos de final de la Champions League ante el Atlético. Upamecano anuló a Diego Costa, su equipo se llevó el triunfo y él fue elegido el mejor jugador del partido.

El Bayern se llevó el gato al agua y pagó 42,5 millones por él en el 2021. Ese mismo curso, emprendería el mismo camino Nagelsmann, con el que es titular habitual.

Upamecano, comedido fuera del terreno de juego, intentó controlar su ímpetu sobre el césped. También tuvo que esforzarse para mejorar su capacidad para comunicarse. Un hándicap que viene de lejos.

«En la escuela tenía miedo de decir algo porque siempre necesitaba un poco de tiempo para pensar primero. Los otros niños se burlaban de mí. Eso duele. Siempre me he dicho a mí mismo que solo tengo que seguir hablando y no dejar que me irriten. También estuve en un logopeda muchas veces. Hoy les digo a los niños que tartamudean que no se avergüencen», remarcó Upamecano.

La pasada temporada se centró en mejorar sus puntos débiles. Contrató un preparador físico, según contó a L' Equipe: «Me hizo trabajar los apoyos, la velocidad, el volumen». También buscó la manera de comunicarse mejor. Para ello, le ayudó un hombre con talento para la música: «Trabajábamos con un señor que hacía ópera. Ya no puedo citarlas, pero eran palabras bastante complicadas de repetir. También cantábamos. Es importante gritar. No para gritar por gritar, sino para liderar un equipo». Hoy, él mismo ejercerá de maestro de orquesta en una de las defensas más sólidas del Mundial.

Olivier Giroud, el delantero con vista y olfato

Carlos Peralta

Olivier Giroud celebró con emoción su segundo tanto ante Australia. El delantero del Milan, epicentro de un abrazo colectivo, cerró los ojos con fuerza, en un ademán de ponerse a llorar de alegría. No era para menos: con su gol, igualó el mayor registro goleador de la selección gala, con 51 goles, en manos del legendario Thierry Henry. El ex atacante del Barcelona debutó con Les Bleus con 20 años. Su momentáneo compañero en la cima goleadora de Francia lo hizo con un lustro más.

Pero antes, Olivier Giroud derribó barreras en varias ocasiones. Lo hizo primero en segunda división, con el Tours. Allí marcó 21 goles, fue el máximo anotador de la Ligue 2 y se ganó su fichaje por el Montpeiller. En la ciudad del río Lez haría historia. Su equipo logró su primer título de liga con el delantero francés, de nuevo, como máximo goleador. Otra vez cosechó 21 tantos. Su explosión en la élite del campeonato galo llegó, en parte, gracias a un buen consejo a tiempo.

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