El discreto veraneo de Mariano Rajoy

En sus primeras vacaciones como ex presidente del Gobierno, Rajoy vuelve a sus orígenes, pasa parte de la temporada estival en Sanxenxo y evita protagonismos


Por primera vez en muchos años el Partido Popular de Galicia ha abierto un curso político sin Mariano Rajoy Brey. Ni como dirigente principal; tampoco como orador y ni siquiera como simple espectador de lujo. De ningún modo ha querido asistir el político pontevedrés a la Carballeira de San Xusto. Es su modo de disiparse del primer plano y del foco de las cámaras, después de años de incesante seguimiento. «Ahora toca vivir la vida» repite como un mantra entre sus allegados.

Su retirada va en proporción con el deseo de evitar restar protagonismo a Pablo Casado, el nuevo líder del PP, quien, a su vez, ha cubierto el hueco que dejaba la ausencia de Rajoy y de paso ha tenido un guiño de complicidad con Alberto Núñez Feijoo y Alfonso Rueda por el mayoritario apoyo de la delegación gallega en el reciente congreso extraordinario. Un agradecimiento traducido ayer en la asistencia del nuevo presidente nacional del partido al acto desarrollado en el enclave cotobadés.

Soltando amarras

No deja de resultar paradójico que el paraje natural que Jorge Cubela, alcalde presidente de Cerdedo-Cotobade, brinda desde hace tres años para escenificar el inicio del curso político para el Partido Popular, sea uno de los símbolos de la lucha vecinal del pueblo gallego frente a uno de los poderes fácticos. Fueron vecinos y comuneros de San Xurxo de Sacos quienes pleitearon y defendieron la propiedad de la Carballeira frente al ansia anexionista del Arzobispado de Santiago.

La ausencia de Rajoy está en consonancia con su comportamiento público desde que anunció que se hacía a un lado para que la militancia del PP resolviera quien debía recoger el testigo. Resuelta la sucesión, Rajoy ha ido soltando amarras. Cesó como diputado en el Congreso de la nación; solicitó la reincorporación a su puesto como registrador de la propiedad de Santa Pola y, tras un breve paso por esa localidad alicantina, ha logrado plaza en Madrid lo que permitirá la reunificación familiar, compartiendo el dúplex que compró hace años en Aravaca, con su esposa y sus dos hijos, así como poder pasar algo más de tiempo con su anciano padre, el magistrado Mariano Rajoy Sobredo.

En correspondencia el político pontevedrés ha vivido sus primeras vacaciones veraniegas como ex presidente del Gobierno de España de un modo muy discreto, entre Sanxenxo y Barrantes. Desde finales de julio y a lo largo de agosto, Mariano Rajoy ha pasado muy desapercibido por las Rías Baixas, salvo ciertas apariciones.

Algunas caminatas por aquí y por allá, acompañado de su inseparable José Benito Suárez Costa, rotando entre la habitual Ruta da Pedra e da Auga y nuevos itinerarios como el espacio natural de O Carreirón, en A Illa de Arousa, o el itinerario del río Maneses, en Campo Lameiro. Por cierto, la Ruta da Pedra e da Auga ha experimentado en este verano un incremento de más de un 30% de visitantes que confirma la tendencia al alza de los últimos años, según datos aportados recientemente por el Concello de Ribadumia. Sin duda que Mariano Rajoy ha tenido muchísimo que ver con ese disparo de visitantes atraídos por la repercusión mediática que adquirieron durante años las caminatas del presidente y sus acompañantes. Desde Javi Gómez Noya hasta Angela Merkel, Rajoy no perdió oportunidad de vender las excelencias de ese paraje natural de apenas 4 kilómetros, que se ha insertado como paso obligado para miles de peregrinos que transitan la llamada Variante Espiritual del Camino Portugués.

El germen de Sanxenxo

El discreto veraneo de este año ha supuesto para Rajoy el regreso a la esencia pues es Sanxenxo («Sangenjo» para el interfecto) el germen de muchas de sus líneas vitales. Donde salía de copas con su pandilla de amigos. Cuando aún era un pipiolo que pegaba carteles de Alianza Popular y después cuando encadenó ser concejal de Pontevedra, presidente de la Diputación; diputado autonómico y hasta vicepresidente de la Xunta.

Algunos de esos allegados de las décadas de 1980 y 1990 forman su núcleo de confianza, ahora más valorado si cabe por él y por Viri, su compañera, después de años de oropel y lisonjas en Madrid.

En este verano hubo tiempo para el reencuentro tranquilo en la terraza del Real Club Náutico donde compartieron vinos y confidencias. Algunas excursiones al restaurante Tío Benito en Barrantes, donde no perdona una ración de pulpo á feira o un guiso de chocos. Y muy poca actividad social salvo algún acto muy escogido, del brazo de su esposa y escoltado por los amigos de siempre, con los que se dejaron ver y fotografiar en la cena gala de la Asociación de Lucha contra el Cáncer celebrada en el Gran Hotel de La Toja.

Por el contrario este verano eludió asistir al baile de la Peregrina en el Liceo Casino, a diferencia de 2017 cuando sí acudió en lo que pareció un gesto de desquite después de seis años de ausencia y de haber sido declarado persona non grata por la mayoría de la corporación municipal.

En Sanxenxo, en suma, es donde habrá tenido el tiempo y la calma necesaria para digerir la tromba de acontecimientos que condujo a su destitución mediante moción de censura, por primera vez en la actual democracia española. Y donde se habrá repetido a sí mismo: «Ahora toca vivir la vida».

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