Nos recuerdan constantemente lo importante que es ahorrar. Pero basta mirar a nuestro alrededor para darse cuenta de que, más que un consejo, suena a chiste. Nos dicen que dejemos el café de cada mañana, como si ese euro y pico fuese el culpable de que no podamos comprarnos un piso. También recomiendan reducir las cenas con amigos, aunque hoy en día salir a tomar algo equivale, prácticamente, a un pequeño préstamo encubierto. Y así, entre renuncia y renuncia, parece que el único camino hacia el futuro sea encerrarse en casa y mirar el saldo de la cuenta con esperanza. Mientras tanto, los precios del alquiler y de la compra semanal suben sin ningún pudor. Los sueldos, en cambio, practican el minimalismo: siempre igual de contenidos. Y luego, con toda naturalidad, nos preguntan por qué no conseguimos ahorrar. La paradoja es evidente: se culpa al individuo mientras se ignora que el coste real de la vida convierte cada gesto cotidiano —un café, un menú, un trayecto— en un pequeño lujo. Quizá, antes de repetirnos que hay que ahorrar, habría que preguntarse si realmente existen las condiciones para hacerlo. Porque, con los precios actuales, ahorrar no es cuestión de voluntad: es cuestión de falta de margen real para hacerlo. Ivet Català Navarro. Vigo.
Lombos en Pontevedra
Segundo o Concello de Pontevedra, a normativa referida aos lombos (as bandas elevadas nas calzadas para minorar o tráfico) é máis estrita na cidade que no resto de España. Recórdannos que en Pontevedra non se admiten ramplas que superen o 6 % de inclinación. Respecto a este dato, moitos pontevedreses opinamos de xeito diferente. Hai moitos lombos que superan amplamente ese límite e mesmo o 10 %. Non hai máis que dar unha volta en coche por Monteporreiro, a avenida das Corbaceiras ou a delegación da Xunta. Tamén algunhas bandas incumpren a normativa municipal no referente á distancia mínima admitida, separándose entre elas menos dos 25 metros que marca a norma. Moitos pontevedreses opinamos que ademais de haber un excesivo número de lombos, algúns incumpren a normativa municipal, prexudicando os taxis, autocares e turismos. Santiago Bas. Pontevedra.
Desde la ignorancia
Les damos el poder para que inviertan nuestros impuestos de la mejor forma posible, para que hagan los presupuestos a fin de gastar con xeito y sentidiño el dinero de todos de la manera más ventajosa y al servicio del contribuyente. Que, visto desde la ignorancia, hacer las cuentas de un país debe ser, salvando las distancias, como hacer el presupuesto del gasto mensual familiar; es decir, ajustar los posibles gastos a los ingresos. ¿Y no son capaces de cumplir con su trabajo? Y no solo eso, sino que compiten entre ellos a ver quién lo hace peor. Medio Gobierno es sospechoso de mentir y engañar al contribuyente. No son capaces de hacer las cuentas. Si no saben cuánto dinero hay, o si lo saben, ¿en qué van a invertir? ¿Y cuánto va a ir en sanidad, en educación, en ayudas al campo —que son quienes nos dan de comer—, en carreteras, en dependencia, en ayudas sociales, en defensa...? ¿De qué manera van a solucionar y atender los problemas de la gente si pasan el tiempo entre insultos y juzgados? ¿Será verdad aquello de que tenemos lo que merecemos? M. J. Vilasuso. As Pontes.