Las cartas para el presupuesto ya están boca arriba

Serxio Barral Álvarez
Serxio Barral CRÓNICA

PONTEVEDRA CIUDAD

Con la presentación pública de las enmiendas que presentan Marea Pontevedra y el PSOE, ayer quedaron boca arriba las cartas con las que cada uno de los cinco grupos políticos jugarán la partida del presupuesto municipal para el 2017.

No hay grandes sorpresas en las enmiendas parciales de los grupos de la oposición. El PP apuesta por rebajar el IBI, por el transporte urbano y por el PXOM. Los socialistas ponen el foco en habilitar partidas para la reactivación económica, en la creación de una vía sanitaria libre de «lombos», en la elaboración de un plan estratégico que fije el rumbo de la ciudad para la próxima década, o por redefinir los convenios con la Diputación, entre otras cosas. Marea, por su parte, centra sus propuestas en las políticas sociales, incluyendo la creación de una renta social municipal o el impulso de la economía social. Y Ciudadanos fija en la generación de empleo y en el apoyo a los emprendedores el grueso de sus propuestas.

Este año, solo Marea Pontevedra presenta una enmienda a la totalidad, algo que evitará el bochorno del año pasado, cuando hubo cuatro, una por cada grupo de la oposición, pero ninguna salió adelante porque no fueron capaces de ponerse de acuerdo. Este año tampoco parece que la de Marea vaya a prosperar, pues el PSOE ya anticipó ayer que votará en contra.

Y luego está el gobierno local, que sigue teniendo como principal asignatura pendiente la negociación. Lo cierto es que el BNG sigue siendo incapaz de alcanzar acuerdos pese a gobernar en minoría.

Ese es el escenario en el que llega el debate de los presupuestos, que comenzará a jugarse hoy en la comisión de Facenda pero que tendrá su partida cumbre el próximo lunes, en el pleno.

El gobierno parecía contar este año con la baza de los vecinos. La jugada de presentar el proyecto presupuestario a las principales federaciones vecinales y, sobre todo, la asunción de buena parte de sus propuestas podría haber sido un hecho determinante. Pero el gobierno local jugó fatal sus bazas en el amago de negociaciones que entabló tanto con el PP como con el PSOE. El inmovilismo del BNG -y unas líneas rojas trazadas por los grupos de la oposición difícilmente asumibles, todo hay que decirlo- hizo que en ambos casos las conversaciones se rompieran. Quizá prematuramente.

Hace un año, el gobierno local llegó al pleno con las cartas marcadas. Se sabía de antemano que habría una baja en las filas del PP por la intervención quirúrgica de uno de sus concejales, y el BNG se valió de ello aprobando los presupuestos gracias al voto de calidad del alcalde.

Veremos qué pasa este año.