Un refugio bajo techo para comprar que no quiere perder poderío

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

CARLOS PEREIRO

Los comerciantes se quejan de las goteras y de que no se promocione la zona para alquilar los locales vacíos

16 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Pontevedra es ciudad de galerías. Una de ellas, en la calle Fray Juan Navarrete, tiene categoría de mercado municipal. Los comerciantes tienen sus puestos en régimen de concesión a largo plazo. Y, mes a mes, pagan una renta al Ayuntamiento. Hasta ahí, la teoría. En la práctica, cruzando su puerta, las galerías Virxe do Camiño son mucho más que un mercado. Tienen un encanto difícil de explicar. Además de ser un refugio ideal para comprar en el invierno anfibio pontevedrés, combinan lo nuevo con lo antiguo; la venta de comestibles con tiendas especializadas; lo moderno con lo viejo. Pasen y vean.

Nada más entrar, uno observa las dos caras de la galería. A la izquierda vende Alberto, un pescadero. Y no lo hace un puesto cualquiera. El esmero puesto en la decoración de su moderno negocio salta a la vista. El hombre se explica: «Nos mudamos hace poco y queríamos cuidar mucho el puesto. La verdad es que estamos felices. Aquí hay muchísimo ambiente, la clientela es buenísima». A la derecha, está la tienda de Eugenia. Es de moda. Y es antigua. Ella, con esa sabiduría que da estar años y años detrás del mostrador, es de las que conoce a cada cliente, que sabe sus gustos de antemano. Ahora, traspasa el local. Pero lo hace porque se jubila. «Me queda poco para poder retirarme», dice. Lleva varias décadas con la tienda. Y asegura que recuerda tiempos mejores del mercado. «Antes había más movimiento. Deberían sacar a subasta y promocionar la zona para que se ocupen los puestos libres», defiende. Conforme uno avanza por la galería, da igual que pregunte en una frutería, en una tienda de salados del mar o en otros locales, todos los comerciantes repiten el argumento de Eugenia: «Tendrían que ocuparse los puestos libres para que esto no pierda vida», insisten. Aún así, a media mañana de un sábado de perros, los pasillos de Virxe do Camiño están de bote en bote. Hay clientela por doquier. Y, si uno pregunta, ve que quienes acuden a comprar están satisfechos: «Es la costumbre venir aquí, sin eso no paso», indica una mujer que lleva un carrito lleno de víveres verdes.

En medio de la galería, está la que seguramente sea la decana de las comerciantes. Se trata de la tienda de Dorinda, una diminuta mercería donde, a día de hoy, todo está a mitad de precio. La mujer también tiene previsto jubilarse y salda la mercancía. Ya al fondo, hay una tienda especializada en ballet. Su dueño, David, insiste: «Tenemos que darle para arriba a este espacio».

Suenan las quejas

David es de mediana edad, igual que el titular de la Pescadería Rita. Y ambos creen que es necesario que el Concello le dé un impulso al mercado. Indican que hay goteras, filtraciones de agua aquí y allá que no son el mejor escaparate para atraer clientes. Reconocen que algunas cosas se hicieron, como el cambio de suelo, que ahora es azul y permanece en buen estado. Pero creen que quedan asignaturas pendientes. David, todo voluntad, se ofrece incluso para ayudar con la mejora.