Bodas de sangre

María Conde maria.conde@lavoz.es

PONTEVEDRA CIUDAD

Duran tres días y siguen un guión que ha permanecido prácticamente inalterable en la tradición gitana. La ceremonia de la boda es uno de los rituales más atrayentes y a la vez también más cuestionados desde fuera de esta cultura, pero lo que nadie puede negar es su alegría y plasticidad, ahora retratada en la exposición que la fotógrafa Mónica Ferreirós, colaboradora de La Voz, exhibe en el Centro Cultural de Monte Porreiro con motivo de la celebración en la jornada de ayer del Día Internacional de los Gitanos. A través de dieciséis imágenes, la arousana plasma los detalles y momentos vividos en distintas bodas celebradas en Galicia, desde Ferrol, A Coruña hasta Ponteareas o Porriño. La mayor parte de las fotos se realizaron en el 2003, cuando Mónica comenzó a colaborar con Manuel, un fotógrafo que lleva más de veinte años dedicándose a retratar estos enlaces. «Empecei con el por curiosidade -comenta- e pareceume algo moi chamativo. Fíxenas cando vivía en A Coruña, pero agora que estou en Pontevedra espero que alguén me avise cando se celebre algunha voda por aquí para sacar imaxes».

Uno de los aspectos en los que contrastan más las bodas gitanas y payas (al menos las gallegas) es, según Mónica Ferreirós, el banquete. «Aquí parece que a diversión principal é comer, mentres que eles, nos tres días que dura a boda, dedícanlle dúas ou tres horas», comenta la fotógrafa. Conocemos la costumbre de partirse la camisa, que musicó Camarón, lo engalanado de los trajes de novia, la tradición del pañuelo, o también el momento en que los invitados levantan a la novia mientras las mujeres le tiran almendras y le cantan canciones. Pero, por ejemplo, uno de los aspectos que encandiló a la autora de estas imágenes es el colorido de la fiesta y, sobre todo, el ambiente. «As noivas cámbianse de traxe varias veces durante a voda -explica Ferreirós-. O primeiro día, o do ajuntamiento, cando a proba do pano, poñen unha especie de camisón ou bata para estar máis cómodas, mentres que despois do banquete tamén se volven cambiar. E algunhas optan polos traxes de volantes, tipo faralaes, que teñen un gran colorido. Hainos vermellos paixón, violetas, azuis, rosas... É algo que te chama moito a atención». También subraya que la alegría de estos enlaces enseguida se contagia: «Teñen unha actitude entrañable e en xeral a xente se porta xenial contigo -añade-. E a voda é divertida desde a cerimonia, porque as celebracións son das máis animadas do mundo. Todo o que rodea a voda está contaxiado da alegría da xente. E creo que conseguiron manter esta tradición da voda case intacta porque a maioría cren firmemente nela. As mulleres están criadas para iso».

Algunas de estas imágenes están tomadas en el poblado coruñés de Penamoa, otro de los puntos de conflicto latentes por la tensión entre payos y gitanos en A Coruña. «A primeira voda que fixen foi alí -cuenta Ferreirós- pero en todas as fotos procuras evitar sacar as chabolas». Otro de los aspectos retratados es el del pañuelo y, según la autora de las fotos, si algo también le llamó la atención es el lugar escogido en cada celebración para este ritual. «Nunha ocasión foi na misma mesa do comedor, diante de todas as mulleres, noutra na planta baixa dunha Casa de Cultura, e incluso nun pub, e fixéronno nun dos mostradores -señala-. As fotos corresponden aos momentos de antes e despois, porque neste intre non te deixan entrar».

La exposición fotográfica fue idea de la animadora del centro Tegra Gómez como celebración del Día Internacional de los Gitanos. Hasta ahora, siempre ha habido celebraciones en el centro en esta jornada y este año, a pesar de la convulsión que ha vivido el barrio por los realojos de familias gitanas de O Vao, «a idea é seguir coa rutina do centro», según Gómez. Junto a ella, Rebeca Flórez, colaboradora también del centro desde el Secretariado Xitano, es la autora del texto que acompaña la muestra.