La urbanización avanza pese a la dejadez del Ayuntamiento. Solo hay un barrendero en la zona y los únicos operarios que se ven son los alumnos del Taller de Empleo
16 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Hace veinticinco años la urbanización de Monte Porreiro nació como una seta. En el medio del campo, a tres kilómetros de Pontevedra. Desde entonces la urbanización ha crecido y prosperado gracias principalmente al esfuerzo de sus vecinos. Ahora la zona es una tranquila zona residencial, de café a primera hora de la mañana antes de ir a trabajo y de paseo vespertino al caer la tarde.
Los que llegaron primero recuerdan los tiempos en que todo eran silvas y árboles. Los niños jugaban a hacer cabañas y tirar piedras a los coches de la policía. «Aquí las patrullas daban vuelta -recuerda un joven del ?barrio-. Esto era como el Bronx. Ahora ha cambiado mucho, aunque sigue sin haber policía, y los que hay van de paisano».
Aún así, Monte Porreiro es una zona tranquila, sobre todo por el sentimiento de unión de sus vecinos; se sienten orgullosos de ser ellos quienes han construido el barrio y lo han hecho avanzar. Por eso hay muy pocos que, pese a todo, quieran dejar de vivir en él.
En las papeleras de la plaza frente al instituto Luis Seoane alguien ha colocado un cartel: «E o porco lle dixo ao can: ¿Qué é o porco? O porco e o teu dono». «Es que aquí la gente dice que el perro es como de la familia, pero es el único que hace sus necesidades en la calle», dice Ana María da Rosa, propietaria del quiosco de golosinas. «Esta plaza la barremos y limpiamos nosotros porque aquí solo hay un barrendero».
Torretas de alta tensión
A los vecinos nos les gusta oír hablar del Ayuntamiento. Los políticos, dicen, solo vienen a Monte Porreiro «a quitar votos». Los parques infantiles florecen en la zona, pero muchos están mal atendidos y sucios, en el barrio con la población más joven y con más hijos de Pontevedra.
Las obras se reducen, aseguran, a las que realiza el Taller de Empleo de Monte Porreiro. «Aquí lo que se hace lo hacen los alumnos del taller. Cuando termina el curso esto se queda abandonado». Los participantes del taller trabajan ahora a destajo; están reformando los jardines, plazas y glorietas.
Pero sin duda, lo que más desagrada a los vecinos son las torretas de alta tensión, que atraviesan parques, colegios y viviendas. «Tuvieron que cambiar los toboganes, porque antes, te subías y daban calambre».