Un juicio único por muchos motivos

La personalidad de David Oubel, la brutalidad de sus actos; la conmoción causada y la primera condena de prisión permanente revisable refuerzan la singularidad del crimen de Moraña


Por muchas razones el juicio contra David Oubel, asesino confeso y convicto de sus propias hijas, ha sido único. El estremecedor suceso; la personalidad del parricida; la trascendencia del caso; la conmoción que originó hasta el extremo de ver a un fiscal roto por la emoción incapaz de terminar su alegato. En suma: la condena, la primera de prisión permanente renovable que prospera en un juicio en España, desde la entrada en vigor de ese apartado de la reforma del Código Penal y dictada “in vocce” por la magistrada que presidía el juicio, dotan al caso de una singularidad extraordinaria.

No cabían sorpresas a pesar de tratarse de un juicio con jurado popular. No es que Oubel estuviera condenado de antemano por la presión mediática. Es que él mismo se encargó de liquidar su propia defensa, desarmando a su abogado. En apenas cinco minutos cuando tomó la palabra, al inicio de la vista, admitió la acusación y descartó que hubiera actuado mediatizado por enajenación alguna.

Peor que José Bretón

El suceso de Moraña fue aún más escabroso que el caso de José Bretón quien drogó y quemó a sus hijos en una pira en la finca cordobesa de “Las Quemadillas”. El parricida de Moraña fue aún más sanguinario como corroboraron forenses y peritos que ilustraron al jurado. La descripción de los preparativos así como del modo en que atacó a sus hijas de cuatro y nueve años con una rebarbadora y un cuchillo, define a un asesino que actuó de modo premeditado con el propósito de matar a sus crías y dañar a la madre de Amaia y Candela. Como Bretón contra la madre de Ruth y José. Esta clase de alimañas buscan “matar a la madre” a través de asesinar a los hijos en común.

A pesar de las similitudes, el parricida de Moraña mantuvo un comportamiento más chocante que su homólogo cordobés. Oubel no negó los hechos a diferencia de Bretón. Al contrario, los admitió con una frialdad propia de un sociópata aunque los siquiatras y él mismo se encargaron de advertirnos que no es un enfermo, sino un tipo cerebral que sabía la tragedia que causaba. Su pretendido arrepentimiento sonó artificial, distante, en suma nada sincero.

Alejandro Pazos, el fiscal que intervino en el caso desde la instrucción de las diligencias iniciales por un juzgado de Caldas hasta concluir en el juicio de esta semana, ya dio muestras en una ocasión anterior de sentirse conmocionado por la brutalidad del caso. Yo todavía recuerdo una declaración entrecortada a las puertas del juzgado hace dos años.

El jueves, cuando realizaba su alegato final ante el jurado, volvió a sucumbir a la emoción y el recuerdo de la macabra escena del crimen. Normalmente los fiscales ?aunque por dentro puedan estremecerse como cualquier ser humano por la naturaleza de un crimen- logran mantener una cierta distancia “profesional” cuando intervienen en los juicios. Lo que le ha ocurrido al fiscal Pazos, constituye otra de las singularidades de este caso.

Otra de las peculiaridades del juicio radica en la condena y en el formato de la misma. La magistrada Nélida Piñón pasa a la historia judicial de España como la primera en dictar una condena de prisión permanente. El fallo que emitió en sala, ante el propio reo y demás presentes, es decir “in vocce” sin que mediasen días o semanas como ocurre habitualmente hasta leerlo en papel, podría estar sujeto a algún futuro vaivén.

Teóricamente la condena recluirá a Oubel en una celda durante un cuarto de siglo, al menos, aunque por su condición de “revisable” no significa cadena perpetúa. Como mucho llegaría a cumplir 30 años. Pero de hecho a mitad de condena, puede recibir beneficios penitenciarios y disponer de permisos. Es más: este nuevo formato penal sólo fue aprobado en el Congreso con los votos del Partido Popular mientras la oposición parlamentaria acudía al Tribunal Constitucional con un recurso que está pendiente de resolverse.

Y ya saben ustedes lo que hemos vivido en este país con otras resoluciones como la tristemente famosa «doctrina Parot» que ha permitido excarcelar no sólo a decenas de etarras sino también a un puñado de pederastas y violadores que, en muchos casos, no han tardado en reincidir.

Mejorar protocolos

Por cierto: quienes tengan responsabilidades en las cuestiones de intendencia tanto en el Palacio de Justicia (tribunal y fuerzas de seguridad que custodian) como en el Concello ?probablemente la Policía Municipal- deberán revisar los protocolos para casos de tanta repercusión mediática como éste.

El trabajo dentro de la Audiencia, en las salas de vistas es muy complicado de por sí, máxime en condiciones de tanta presión. Sonido y espacio para cámaras y periodistas deberían mejorarse. Y extramuros, es un disparate que las zonas de carga y descarga se ocupen con las unidades móviles de las televisiones que acuden a la cobertura mientras los transportistas y repartidores se tienen que buscar malamente la vida para parar y atender los suministros de los establecimientos de Rosalía de Castro y Reina Victoria.

Sólo el último día del juicio, se realizó algo más sensato: permitir a las unidades móviles que quedaban para hacer “directos” aparcar en el espacio peatonalizado frente a la puerta principal de la Audiencia, donde ni interfieren el tráfico ni el trabajo de terceros.

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