Colegios pequeños que se desangran

¿Hay esperanza para centros que solo tienen dos niños de tres años? Esa es la cuestión


pontevedra / la voz

No solo las escuelas unitarias están en serios aprietos por la sangría demográfica en general y en el rural gallego en particular. Hay colegios de infantil y primaria, pequeños centros ubicados casi siempre en zonas rurales, con números preocupantes, que apenas registraron solicitudes para niños de tres años, que son los que se estrenan en las aulas -en los otros cursos puede haber incorporaciones, pero son casos más puntuales-. Desde los colegios hablan de la tormenta perfecta que en esta ocasión se ciñe sobre ellos: caída de la población, el hecho de que toca que se escolaricen los escasos niños nacidos en uno de los peores años de la crisis -en septiembre entran en Infantil los nacidos en el 2013- y la necesidad de los padres de conciliar vida laboral y familiar y, por tanto, matricular a sus hijos en sitios cercanos a sus trabajos, casi siempre ubicados en áreas más urbanas.

Consulta tras consulta, los equipos directivos de los pequeños colegios repartidos por Arousa y Pontevedra, antes de dar datos, hacen un matiz: «Hay que tener en cuenta que lo habitual en los centros pequeños es que cuando las solicitudes de plaza se reducen en uno o dos niños estamos hablando el 25% del alumnado o incluso más». Si así, en términos generales, la cosa ya pinta realmente mal, yendo a los casos particulares la situación es alarmante.

Empecemos en Bueu. El colegio Torre-Cela, aunque situado en el área rural, está a menos de diez minutos del centro urbano buenense y da unos números de vértigo. Este año tiene 14 niños de tres años. Las solicitudes para esa edad para el próximo curso son solo seis. Es decir, que ese aula se queda a menos de la mitad. En el centro, prefieren pensar que se trata de algo puntual. Aunque, por experiencia, saben que «esa es la tendencia actual». Sin salir de O Morrazo, en Marín, hay otro colegio cuyas cifras hablan por sí solas. Es el de Ardán. Actualmente, solo tiene cinco niños de tres años. Y las solicitudes para el curso son otras tantas. Se mantienen los números, sí. Pero los profesores recuerdan que hace tan solo un lustro había más del doble de alumnos de esa misma edad. «Puntualmente ahora no bajamos, pero es que ya estamos tan, tan abajo...», señalan. La única alegría en Ardán es que pidieron plaza algunos críos de cursos superiores. La razón es llamativa: «Notamos que se inscriben niños con alguna discapacidad, como autismo. O con otros problemas. Los padres buscan clases con atención más individualizada, y eso los pequeños colegios lo tienen», indican.

Atención individualizada

Ese argumento, el de que algunos padres buscan clases con un número de alumnos reducidos, se oye en otros concellos. Pero el problema es que esas incorporaciones no palían el bajón de la matrícula en los centros pequeños. En Arousa, la situación es similar. Vayamos hasta Armenteira, en Meis. Se prevé pasar de los ocho niños de tres años que hay este curso a solamente dos. ¿Habrá una clase con solo dos alumnos? No. Ya actualmente los críos de tres años, tanto en Meis como en otros centros similares, están mezclados con los de otras edades. Y así tendrá que seguir siendo. En Arousa, incluso hay colegios de zonas urbanas, como el de San Tomé, en pleno casco urbano de Cambados, a los que les cuesta mantener el tipo. Este año tienen 36 niños de tres años. El que viene, de momento, se prevé que sean solo 29.

Si el panorama está así en la zona urbana, en los municipios más rurales la cosa todavía empeora. Es el caso de Cotobade, que tiene dos colegios: en el de Carballedo prevén bajar de los seis niños de tres años actuales a solo cuatro. Y en el de Tenorio ahora suben dos alumnos. Pero es una alegría en falso. Y es que en estas aulas se inscribieron para el año que viene ocho niños que estrenan escolarización. Pero hace solo dos cursos eran 25. En el colegio de A Lama, se baja de nueve a seis niños de tres años.

Frente a este panorama, hay algunos colegios pequeños que, aunque lentamente, recuperan algo su salud demográfica, como el de Barro, Dena (Meaño) o Campo Lameiro. Pero, desde luego, no es ni la tendencia ni lo común. El plazo de inscripción ya acabó. Pero, tal y como están las cosas, si uno llega fuera de fecha para inscribir a un alumno, no se le suele poner mala cara.

El bajón de críos que inician la educación infantil se nota también

en zonas urbanas

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