Dolce vita de Semana Santa en las Rías Baixas: «Damos envidia a los que se quedaron en Madrid»

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

BUEU

Sacudidos del mal tiempo, la primavera se deja querer y los turistas aparecen por tierra, mar y aire: «Está habiendo muchísimas reservas de última hora», dicen desde un hotel de Sanxenxo

02 abr 2026 . Actualizado a las 12:15 h.

El cielo radiante. El mar batiendo. El sol calentando (lo justito, pero calentando al fin y al cabo). Y la playa bella, preciosa, prácticamente desierta. Esa era la postal de este martes en Lapamán (Bueu), uno de esos sitios que en verano se muere de éxito y al que, en cambio, ahora mismo se le puede poner el apellido de paraíso sin que sea opinión, sino solamente información. Es un edén primaveral. Lo contaban entre sonrisas de relax un par de parejas que, junto a otras dos personas, eran las únicas que pululaban por allí al mediodía del martes. Uno de los matrimonios venía de Santander y el otro de Madrid. Caminaban por la orilla, ellos en bañador y ellas en vestido de manga corta. Paseaban a pie ligero y decían: «Nos sacamos fotos y se las mandamos a los que se quedaron en Madrid y en Santander para darles envidia». Y paseo va, paseo viene.

La dolce vita, esa que se hace cada vez más palpable en cualquier época del año en sitios como Sanxenxo, donde aunque caigan chuzos de punta hay paseantes, se abría también paso este martes en la villa de Bueu. Había cola para coger tiques para ir a Ons, aunque el barco de la mañana de Piratas de Nabia tenía capacidad para 250 personas y solamente se subieron cien. Pero en la naviera decían que no está nada mal para ser martes, que los días gordos vendrán ahora.

A bordo, numerosas familias gallegas. Pontevedresas, para más concreción. Contaban que apostaron por una excursión relativamente cercana y Ons ganó por goleada. Se iban a la isla algunos vigueses, otros vecinos de Moaña y también de Pontevedra. Muchos de ellos aprovechaban para gastar la ayuda que les dieron con el programa Lecer en familia de la Diputación de Pontevedra, cuya nueva edición acaba de abrir el plazo para inscribirse.

Incluso algunos vecinos de Bueu se ponían ayer el traje de turistas para acudir al territorio isleño que está en su mismo municipio. Era el caso de cuatro jóvenes que a las diez de la mañana se subían al barco hacia Ons: «Hay que ir a dar una vuelta por allí, a ver a los amigos de la isla», indicaban con ánimo. 

Cierto es que la mayoría de los usuarios del barco señalaban que habían optado por una excursión de un día, no con pernocta. Cabe recordar que este año no abrió en Semana Santa el cámping de Ons por una cuestión: los temporales del invierno ocasionaron tantos desperfectos que todavía no está a punto para poder ser utilizado. Se esperará ya a la temporada.

Ese ambiente de turismo de Semana Santa se notaba también en Pontevedra capital, donde las excursiones, que resistieron cuando el invierno escupía agua sin parar, se mueven estos días como pez en el agua por la zona monumental. Unos sevillanos que escuchaban a su guía contar la historia del loro Ravachol no se resistían al comentario típico de quienes llegan del sur y se dan de bruces con el sol gallego, pero cuando vienes te das cuenta de que también hay solecito», afirmaba una mujer de Sevilla. 

¿Cómo siguen las cosas en Sanxenxo y, por tanto, en el gran catalizador del turismo de las Rías Baixas? Desde allí, Leonardo López, director del hotel Carlos I Silgar, señala lo siguiente: «No va a ser una Semana Santa de récord porque hasta los últimos días no estaba muy claro qué iba a pasar. Pero ha salido el sol y la gente se animó mucho. Al fin empezó esa necesidad de salir de casa y eso lo estamos notando, porque hay muchísimas reservas de última hora. Estos días estamos por encima del 80 % y los días festivos rozaremos prácticamente el lleno. Queda algo por vender para esas fechas pero las cosas van bien, así que estamos contentos». López confirma lo que ya es sabido: con sol, siempre hay paraíso.