Ese tal Sito Miñanco

La Operación Mito, el juicio pendiente por blanqueo de capitales y el revuelo mediático de «Fariña» han reactivado el interés sobre José Ramón Prado Bugallo


El protagonismo informativo de Sito Miñanco viene siendo recurrente casi a diario desde que hace un mes reapareció como principal detenido en la redada desarrollada con la Operación Mito. Después se retroalimentó durante esta semana que acaba de concluir con el juicio por blanqueo de capitales que le trajo a Pontevedra, cuyo desenlace ha quedado por cierto atrapado sine die por la recusación de dos de los magistrados del tribunal juzgador.

El multirreincidente y veterano capo, ya de 62 años, venía a responder ante la Audiencia de Pontevedra de ilícitos anteriores, para lo que fue trasladado a la Prisión Provincial de A Lama, circunstancia que también motivó noticia por el supuesto trato recibido que el cambadés denuncia mediante una huelga de hambre en la que parece que seguirá ya que el régimen de aislamiento se confirmó por Instituciones Penitenciarias.

Si ya semejantes mimbres garantizaban el interés sobre la figura del capo cambadés, de propina tuvo como aliados a la serie televisiva Fariña, cuya «premiere» fue acelerada por el canal aprovechando la inesperada ayuda de José Alfredo Bea Gondar. La pretensión del exalcalde grovense de frenar la difusión del libro de Nacho Carretero no ha hecho más que espolear el interés por lo prohibido y fomentar la curiosidad sobre una determinada generación de narcos gallegos que tiene a José Ramón Prado Bugallo como referente principal.

Probablemente serán numerosos los hombres y mujeres de menos de treinta años de la provincia de Pontevedra como también del resto de Galicia que empezarán a tener a partir de ahora, mayor curiosidad por saber quien es ese tal Sito Miñanco del que antes apenas habrían escuchado hablar. Hay que pensar que todos aquellos nacidos después de la Operación Nécora (1990) no tuvieron conocimiento directo de quienes eran los capos arousanos que se convirtieron en el objetivo principal del operativo.

Informar y prevenir

Colectivos antidroga tan caracterizados como la Fundación Galega contra el Narcotráfico (FGCN) juzgaban que todo el reclamo generado durante estas semanas tanto por los medios informativos como por el libro y la teleserie subsiguiente en torno a personajes como Sito Miñanco es beneficioso porque contribuye a informar y prevenir. Me decía Fernando Alonso, gerente de la FGCN «todo cuanto se relate de esa época bochornosa es bueno porque ya se sabe que conocer la historia es lo que evita que la volvamos a repetir. Y contarla de modo correcto evitará trasladar una pretendida imagen de bandolero generoso que de ningún modo se corresponde con esos personajes. Al fin y al cabo, un narco más que un traficante es un vendedor de veneno», sentenciaba.

Cabe aguardar que la futura teleserie que reunió un reputado cuadro actoral gallego lo que garantizó una interpretación fidedigna de los personajes, se ajuste también a la realidad narrada por Nacho Carretero para que quede claro que los Miñanco, Oubiña, Charlines y demás dirigían bandas de crimen organizado; nunca fueron oenegés.

Compraban afecto

Esta misma semana un compañero de profesión que está ahora en Madrid en una emisora me pidió que recordásemos en una entrevista aquella etapa en la que Sito Miñanco pretendió proyectarse en Cambados como un «empresario modélico». Para ello tomó las riendas del club local, el Juventud para ascenderlo en tiempo récord, tres temporadas, de la Preferente a Segunda División B donde llegó a jugar contra Deportivo de La Coruña, Getafe o Real Madrid Castilla, entre otros. Aquello fue posible gracias a los sueldos que Sito ofrecía a jugadores con los que reforzó al Juventud. No había nóminas ni chequeras. El dinero llegaba al vestuario en bolsas de plástico y el propio Miñanco se encargaba de los pagos. Al mismo tiempo que aupó deportivamente al club de fútbol local, Prado Bugallo también afrontó y resolvió la construcción de una nueva cancha de hierba en Burgáns, lo que permitió abandonar el viejo campo de tierra de A Merced. Pero todo aquello no era filantropía. Sito quiso comprar afecto y respeto entre sus convecinos; una base social que le diese cierta complicidad social. Hablamos de los años 1986 a 1990, cuando solo se le suponía que estaba en el contrabando de tabaco. En cuanto las sucesivas detenciones le situaron en una posición preeminente como narcotraficante, el sustento social se desvaneció y dejó paso al miedo y a la vergüenza.

Jamás se arrepintió

El caso de Sito Miñanco también es paradigmático en cuanto a la nula capacidad de arrepentimiento entre los capos del narcotráfico gallego. El cambadés ejemplifica la versión más terca como corrobora su doble vida en Algeciras donde tenía un trabajo tapadera en un párking, mantenía una vida de lujo a pesar de dormir en un centro de inserción y había reorganizado su red narcocriminal según la Policía. Sabiendo lo que sabemos, ahora da la risa su carta de arrepentimiento al juez de vigilancia penitenciaria que autorizó el tercer grado en 2015.

Habrá que extraer conclusiones. Tenemos un problema serio con el cumplimiento efectivo de las condenas a los narcotraficantes. No podemos seguir dando la sensación de que somos «un país balneario» donde delinquir con drogas no resulte tan duro.

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