La cárcel

|MERCEDES ESCAURIAZA|

A LAMA

PLAZA PÚBLICA

23 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

SI CONVERTIRSE en huesped de la cárcel debe ser fatídico, trabajar en ella no debe ser mucho mejor. Las penalidades de los funcionarios de prisiones son tan evidentes como las ya famosas transpiraciones de Camacho. La propia directora de Instituciones Penitenciarias (a la que aprovecho para felicitar, igual que a los reclusos , que también celebran la Merced) reconoce que la situación es «casi una catástrofe». El PP afirma que es mentira, pero con unos cafés y una calculadora se dibuja un panorama que le quita la razón. No parece demasiado exagerado dar la voz de alarma sobre el hacinamiento de los presos cuando en una prisión como la de A Lama, que comenzó a funcionar en 1998 con menos de trescientos internos, convivan ahora casi mil seiscientos vigilados casi por los mismos funcionarios que entonces. El día 28 los representantes sindicales viajarán a Madrid para buscar una solución que mitigue la tensión que huespedes y anfitriones padecen cada día.