El proyecto del Rural de Ponte Caldelas que compite contra los gigantes del baloncesto español
PONTEVEDRA
Rural Champs Academy es un proyecto nacido en Anceu que ha sido nominado para los premios Cancha Solidaria Endesa
31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En Anceu, parroquia de Ponte Caldelas, el baloncesto ha encontrado un aliado inesperado. Allí, en lo que antes fue un bar de aldea, hoy corren gotas de sudor, suena el golpe seco de un saco de boxeo y las risas de un grupo de niños que descubren el deporte casi como quien descubre un tesoro. Ese lugar es Rural Champs Academy, una iniciativa nacida desde cero y cuya escuela de baloncesto acaba de colarse entre los diez proyectos finalistas de los premios Cancha Solidaria Endesa, seleccionados entre más de 200 propuestas de toda España. Un jurado conformado por Endesa, ACB y Federación Española de Baloncesto creyeron que el proyecto de Anceu era merecedor de esta distinción.
La nominación ha pillado por sorpresa a su impulsor, Víctor Herrero, madrileño de origen y gallego por elección. «Me presenté hace un mes por probar. La nominación ha sido una sorpresa, pero el dinero del premio nos vendría muy bien y se quedaría en el pueblo», reconoce. Su historia es la de alguien que, tras años «dando tumbos», encontró en el rural gallego el lugar donde construir un proyecto de vida. Y ese proyecto pasa, inevitablemente, por el baloncesto.
Herrero creció en el Ramiro de Maeztu, cantera del Estudiantes, y lleva ese ADN colegial en vena. Al llegar a Anceu hace tres años alquiló el antiguo bar del pueblo y lo transformó, poco a poco, en una sala de entrenamiento: «Treinta y pico metros de tatami, sacos de boxeo, material deportivo… Ahí nace todo esto, con clases en grupos reducidos y entrenamiento personal. Pero yo soy entrenador, y necesitaba volver al baloncesto de alguna manera», cuenta.
La oportunidad llegó en el CEIP Manuel Cordo Boullosa de Ponte Caldelas. Allí montó una pequeña escuela que despegó con fuerza: «Funcionó muy bien. Le pusimos mucho cariño y atrajimos a 25 niños el primer año. Con las escuelas de verano han pasado ya un montón de chavales». En un entorno donde la oferta deportiva es limitada, el baloncesto se convirtió en un imán inesperado.
Pero crecer en el rural tiene sus propios desafíos. El principal, las infraestructuras. «No hay canastas de minibasket ni en Ponte Caldelas, ni en Fornelos, ni en A Lama», lamenta. Entrenan como pueden: dos canastas grandes que «son un rollo de mover», un patio techado que «se inunda y patina cuando llueve», y un entrenador que carga en su furgoneta con dos canastas de Decathlon «cutres, que se rompen, que van con agua… pero que forman parte de la aventura».
En ese contexto subsiste el proyecto de Rural Champs, una escuela deportiva no convencional. Con un 80 % de participación femenina, el proyecto nació con el objetivo de ofrecer una alternativa deportiva en el ámbito rural, donde la diversidad muchas veces no abunda y las opciones de actividad física son escasas. Su filosofía se basa en «los tiempos del rural»: frente a la inmediatez digital, el baloncesto propone el respeto por los procesos, el esfuerzo compartido y la gestión de la frustración a través de sus cuatro tiempos de juego.
«Vinimos para quedarnos. En el rural, todo lleva su tiempo, y el baloncesto es la herramienta perfecta para acompañar a los niños y niñas en su propio entorno, sin necesidad de grandes desplazamientos», explica Herrero.
Una oportunidad de crecer
La nominación a los premios Cancha Solidaria Endesa no es solo un reconocimiento simbólico, es una oportunidad real. Cinco de los diez proyectos finalistas recibirán hasta 50.000 euros en apoyo económico. Y ahora es la comunidad la que decidirá los ganadores con sus votos, por lo que se encuentran ahora en plena campaña.
Rural Champs compite con otras iniciativas impulsadas por clubes históricos como Breogán, Estudiantes o Gran Canaria, además de proyectos de baloncesto en silla de ruedas, soluciones de movilidad para personas con discapacidad o herramientas tecnológicas para medir el estrés deportivo. Gigantes, en todos los sentidos.
La historia de Ponte Caldelas tiene en su autenticidad la mejor bala. Porque lo que sucede en Anceu o en el pabellón del colegio no es solo deporte. Es un acto de resistencia rural. Es un entrenador que quiere «devolver todo lo que el baloncesto me ha dado». Es un grupo de niños que descubren que también ellos pueden tener una cancha, un equipo o un sueño.
El proyecto entra ahora en su fase decisiva. Los fondos permitirían acondicionar espacios, adquirir canastas adaptadas a las categorías más jóvenes y consolidar una estructura que ya ha demostrado su impacto social. Por eso, la escuela hace un llamamiento a toda la provincia de Pontevedra y a la comunidad Basket Lover para apoyar su candidatura a través de la votación popular y hacer evolucionar su proyecto rural.