La adquisición de Santa Clara por el Concello de Pontevedra garantiza su uso público

Serxio Barral Álvarez
Serxio Barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Ramón Capotillo

Lores anuncia un acuerdo para cerrar la operación por 3,2 millones de euros

07 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

El convento y la huerta de Santa Clara se incorporarán al patrimonio municipal previo pago de 3,2 millones de euros. Es el precio acordado entre el Concello de Pontevedra y la congregación de las Clarisas, propietaria del inmueble. El alcalde, Miguel Anxo Fernández Lores (BNG), dio cuenta del acuerdo verbal alcanzado entre ambas partes y que garantiza que Santa Clara será un bien de uso público, algo que satisface a todos. «As Clarisas e a Igrexa -explicó el regidor-, están moi ilusionadas de que o convento pase a mans públicas e quede para uso e desfrute da cidade de Pontevedra».

El coste -que el Concello afrontará en solitario, en un único pago y con fondos propios, sin endeudarse- incluye las edificaciones, las zonas verdes y el muro perimetral. Quedan fuera de este principio de acuerdo, por el momento, otros bienes muebles como el órgano o los retablos, ya que la orden religiosa no decidió aún su futuro. El Concello está interesado en adquirirlos también.

Lores no dudó en calificar el acuerdo de «histórico» para Pontevedra, y situó la operación urbanística al nivel de la incorporación de Santa Clara al patrimonio municipal con la operación impulsada por Alejandro Sesmero en el siglo XIX por el que la ciudad incorporó la Alameda y las Palmeras a la trama urbana. Desde luego, afirmó que en los 22 años que lleva en la alcaldía de Pontevedra el de ayer fue uno de los anuncios «que mais orgulloso me fai sentir porque traballamos pola cidade, polo ben común e pola conservación do patrimonio».

Lo que anunció Lores este viernes es el «acuerdo verbal» alcanzado con las Clarisas. Quedan por delante trámites administrativos para materializar la compra, algo que el alcalde espera cerrar cuanto antes, aunque puede llevar meses.

Lores relató el acuerdo se vino fraguando «pasiño a pasiño» desde el año 2017, cuando conocedores de la intención de las Clarisas de dejar el convento, el Concello mostró su voluntad de que pase a formar parte del patrimonio municipal. El alcalde señaló que la negociación fue «dura e firme polas dúas partes». Hasta el 2019, la llevó por la parte municipal el entonces concejal de Patrimonio Histórico, Vicente García Legísima; y en el actual mandato, los ediles Anabel Gulías y Xaquín Moreda. Este último aseguró que el precio no fue la principal discusión en el último tramo de las negociaciones con el abogado que representaba a las Clarisas. «Humildemente teño que dicir -afirmó Lores- que unha operación desta envergadura só a pode levar acabo un goberno con experiencia, estabilidade e solvencia».

Uso futuro

La pregunta obvia que hay que hacerse es cuál va a ser el futuro de Santa Clara una vez que pase definitivamente a manos municipales. Lores tiene claro que el futuro de los jardines y el huerto -que suman unos diez mil metros cuadrados- pasa por su apertura para que puedan ser disfrutados por todos los pontevedreses. Está por ver cómo se materializa. La ambición del Concello sería poder conectarlo con la plaza de Barcelos, pero el muro de cierre de Santa Clara está catalogado y resultará difícil que se autorice abrir una puerta.

En cuanto al uso de las edificaciones, que suman más de 5.400 metros cuadrados construidos, el alcalde no descarta que se pueda entrar en una negociación con otra Administración, «nomeadamente a Deputación» y más concretamente el Museo.

Lo que va a hacer de momento el Concello, en paralelo a esos trámites administrativos para formalizar la compra, es «traballar nun estudo en profundidade, tanto topográfico como taquimétrico e histórico-arqueolóxico que nos ten que dar as claves de a que podemos dedicar este equipamento, que ten que ser público, ao servizo dos pontevedreses».

Fundado en 1271, tiene protección monumental y está destinado a equipamiento

La presencia de las monjas clarisas en Pontevedra duró casi 750 años. Fue en 1271 cuando se fundó el convento en la ciudad, el segundo que abrió la orden en Galicia tras el de Santiago (1260), y lo hizo de la mano de Pedro Rodríguez y Teresa Páez de Sotomayor. En el siglo XIV el convento fue ampliado, y los historiadores recogen que se convirtió en el «lugar preferido por los más ilustres linajes de la villa para retiro de sus hijas que prolongaban en exceso su soltería». Precisamente por ello fue favorecido prácticamente desde su fundación por donaciones privadas que incrementaron notablemente el patrimonio y las rentas de las monjas clarisas que lo habitaban en régimen de clausura. Estas donaciones hicieron posible sucesivas ampliaciones tanto en cuanto a edificaciones como al jardín y al huerto.

Cuando la orden de las Clarisas decidió cerrar el convento, en septiembre del año 2017, el complejo ocupaba una superficie de 12.606 metros cuadrados, con 5.417 metros cuadrados edificados en tres plantas. Las zonas verdes suman en torno a diez mil metros cuadrados.

El catálogo municipal de bienes a conservar describe al convento como de estilo gótico y detalla que se trata de «una pieza clave en el entendimiento del conjunto histórico» pese a estar «extramuros de este».

Se trata de un conjunto catalogado y tiene un grado de protección y conservación monumental, lo que limita mucho las posibilidades de intervenir en el edificio. En cuanto a la calificación urbanística es de equipamiento, con posibilidad de usos administrativo, cultural, recreativo o sociosanitario.