Tristísimo «mérito» para el Chop

Tres brotes de covid, el último en la planta del servicio de oncología, cuestionan el sistema de garantías allí donde deberían ser sublimes


En puertas de otro estado de alarma, al área sanitaria de Pontevedra-Salnés, en particular al Chop, le cumple el tristísimo mérito de haber albergado, de momento, tres brotes de covid en instalaciones hospitalarias durante esta segunda ola de la pandemia. La gravedad de los hechos es mayor por la reiteración (dos en Montecelo) y superlativa por la muerte de una de las pacientes de la planta de oncología del Hospital Provincial, que resultó infectada por el último y más grave de los brotes ocurridos hasta ahora.

En otros países a estas alturas ya había dimisiones presentadas o ceses. Dudo que con la presión mediática y sindical que se ha desplegado en torno a este asunto, no haya víctimas. Y la primera que puede subir al cadalso me temo que será José Ramón Gómez, el gerente del Complejo Hospitalario de Pontevedra y su equipo directivo, al que han señalado de modo reiterado algunos -que no todos- los sindicatos con representación entre el personal facultativo del Chop. La remoción de Gómez se viene rumoreando desde que el presidente Alberto Núñez Feijoo decidió nombrar a Julio García Comesaña para sustituir a Jesús Vázquez Almuiña al frente de la Consellería de Sanidade, lo que conllevó un considerable meneo en el staff de ese departamento. Los últimos sucesos no harían más que precipitar un desenlace que se espera.

Sin explicaciones

Resulta indignante que allí donde más deberían esmerarse las medidas de higiene, haya ocurrido lo contrario, convirtiéndose en caldo de cultivo del virus. Aún es más cabreante, la escuálida explicación sobre la infección desencadenada en la planta de oncología del Provincial. Según el Comité de Higiene y Seguridad de la plantilla facultativa, la dirección culparía a los trabajadores de ser el origen y vehículo del foco. Como ya ocurrió con el acontecido en las Urgencias de Montecelo semanas atrás.

Mientras, los hechos consumados caen como una losa sobre la opinión pública. Los últimos datos sobre el alcance de este «gromo» nos hablan de 27 infectados entre pacientes de Oncología, familiares y personal facultativo de esa planta.

La indignación es mayúscula cuando una de las pacientes a tratamiento cancerígeno ha fallecido después de ser trasladada a Montecelo. Y aunque puede estar a sujeto a discusión si su muerte fue provocada -o quizás acelerada- por el covid, resulta inapelable y muy doloroso que sus familiares no pudieron acompañarla en ese último trance por el aislamiento obligado.

Confianza quebrada

Las voces más críticas hablan de un fracaso en materia de prevención y profilaxis. A los responsables sanitarios les molestará esa conclusión reduccionista. Pero tienen que asumir que una de las peores consecuencias de que por tres veces hayan surgido brotes de coronavirus en instalaciones del Complejo Hospitalario de Pontevedra es que mina la confianza de los usuarios de la sanidad pública y dinamita la credibilidad de sus portavoces.

No sé a ustedes, pero a mí me queda cara de parvo cuando escucho decirnos que no bajemos la guardia con el uso de la mascarilla, con la distancia de seguridad y la higiene de manos… Mientras en el Provincial y antes en Montecelo, surgen y se propagan brotes de coronavirus entre el personal asistencial, lo que pone en entredicho que esos protocolos sean observados por quienes más ejemplo deben dar. Es lo mismo que cuando antaño ibas al médico de cabecera y te decía que deberías dejar el tabaco mientras el propio facultativo fumaba delante de ti. ¿No me digan que no les pasó?

Además, ya hay ruido político con esta secuencia de desaguisados. La diputada socialista Paloma Castro, exconcejala de la capital, ha pedido explicaciones a la Xunta en sede parlamentaria. Hilvana la oleada de brotes con algún otro episodio como el de la enfermera que habría dado positivo por covid y que al comunicárselo a su superiora de Medicina Preventiva, le contestó que estuviera tranquila, que hay «mucho falso positivo».

Mal ejemplo

Exaspera que la autoridad sanitaria que está al frente de la gestión de la pandemia en Galicia, que decide alertas, que determina restricciones y confinamientos, albergue en su propia estructura estos niveles de incompetencia. No es de recibo que quienes tutelan el cumplimiento de los protocolos anticovid de la ciudadanía y de los sectores más vigilados, permita semejante relajación entre los suyos.

¿Cómo creen que se han quedado, por ejemplo, muchos empresarios de hostelería, uno de los sectores más baqueteados por las sospechas de presunta irresponsabilidad, cuando pueden presumir que de 670 PCR realizadas en el cribado a trabajadores y propietarios en la ciudad de Pontevedra, solo hubo 9 positivos? ¿Qué pueden pensar cuando comprueban que es el propio organismo vigilante el que incurre en prácticas incorrectas? Por cierto, las PCR fueron realizadas por el Sergas a propuesta de la asociación de empresarios de hostelería Hoempo para despejar cualquier duda sobre ese sector.

En suma, es demoledor para la confianza de los usuarios de la sanidad pública que uno de los complejos hospitalarios de referencia en Galicia, haya tenido ya tres brotes de coronavirus que cuestionan el sistema de garantías en materia de prevención e higiene.

¿En qué manos estamos? ¿Quién supervisa al cuidador?

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