A medias

La «nueva normalidad» obliga a anular el baile de la Peregrina, reduce fiestas, restringe verbenas, las copas de la noche y peligran toros y conciertos


Me sigue rechinando la definición «nueva normalidad» que Moncloa acuñó para nominar este período de restauración después del estado de alarma, pero que lejos de devolvernos a nuestras rutinas de antes del 14 de marzo, nos obliga a pautas de comportamiento y actividad anormales. Llamar a esto de ahora, «nueva normalidad» es una perogrullada. Más bien debemos conformarnos con adaptarnos a una «forzosa realidad», como escribía hace una semana, en la que reconquistamos parcelas de libertad a medias.

En este estado de cosas y siendo Galicia territorio precursor, también resultamos ser una probeta. Tanto en la desescalada como en la adopción de nuevas medidas desde que la Xunta tomó las riendas el 15 de junio, como máxima autoridad.

Esta semana conocimos en el Diario Oficial de Galicia el decreto que estableció los protocolos con los que la Administración autonómica pretende controlar diversas actividades lúdicas. Creo que nunca antes habríamos podido imaginar que el DOG llegaría a poner negro sobre blanco como habrá de ser una verbena, una romería o cómo podrá desarrollarse la actividad de las atracciones de fiestas. Sin embargo, esta «anormalidad» que vivimos obliga a legislar incluso si se puede bailar arrimados en la fiesta del pueblo o cómo te puedes tomar una copa en un pub, previa comunicación de tu teléfono móvil, por si los contagios.

Más jirones

La normativa que establece el decreto de la Xunta ya ha dejado los primeros jirones. Se complica la continuidad de muchos de los acontecimientos clásicos del calendario veraniego en nuestra provincia.

De entrada, se acaba de cobrar un par de «víctimas» muy sonadas. El mismo martes cuando se publicó en el DOG, la junta directiva del Liceo Casino de Pontevedra anunció que suspende el baile de la Peregrina, un evento social que reúne a miles de personas, incrustado en la Semana Grande de las Fiestas y que, pese a ciertos tics anticuados, es un acontecimiento anual de una notable repercusión económica en la ciudad. Jaime Olmedo y demás directivos fueron concluyentes: reconvertir un evento que normalmente reúne a 4.000 personas en el parque de verano de A Caeira, reduciendo el aforo a menos un millar, con mascarillas y distancia de seguridad «sería devaluarlo, constituiría un torpe remedo que a nadie satisfaría». La sociedad prefiere esperar al 2021 para celebrarlo en normalidad.

Procesión del Cristo y fiestas

No hay antecedentes de algo similar en la historia reciente de la entidad pontevedresa. Como pasa en Vigo con la suspensión de la procesión del Cristo. El acontecimiento más multitudinario de cada verano (se alcanzaron los 200.000 participantes) que trasciende lo religioso y se convierte en un suceso transversal en la ciudad olívica.

Si bien es verdad que la suspensión de ambos eventos era presumible, sus organizadores se aferraban a una mínima esperanza. Otros ya decidieron con más antelación suspender como el Albariño, en Cambados; Viño Tinto, en Barrantes; Romería Vikinga, en Catoira o la Festa da Auga, en Vilagarcía, por citar algunos.

Los toros, en riesgo

Puede ser que el virus consiga por un año que en Pontevedra no haya toros en las fiestas de la Peregrina. Lo que tanto ansían los colectivos anti taurinos que reclaman al gobierno municipal que no renueve el convenio anual con los empresarios, podría hacerse realidad de este modo tan inesperado.

Las expectativas son muy pesimistas, aunque los hermanos Lozano, propietarios de la plaza, aún no se han pronunciado. Leí unas declaraciones de Eduardo en las que decía que intentarían montar al menos un cartel para el día de la Peregrina. Pero en el sector dan por perdida la temporada del 2020. Hay pocas esperanzas de abrir cosos como el de San Roque que, con una capacidad para 7.800 espectadores, tendría que celebrar corridas con apenas 1.300 personas, pues parece que por medidas de seguridad se les obligaría a reducir a una sexta parte. Como se planteó en la madrileña plaza de Las Ventas, que se ha negado a abrir. La última declaración pública de Eduardo Lozano situaba en esta primera semana de julio la toma de decisión sobre qué hacer…

Verbenas y conciertos

En este verano del 2020, las verbenas y conciertos van a ser de los de «¡qué corra el aire!». Las distancias a guardar, las mascarillas, los aforos reducidos y la obligación de permanecer sentados, dan a estos eventos tan nuestros, un aire tan constreñido que parece digno de la Inquisición.

Acabo de leer que el sector de las orquestas teme un desplome económico sin precedentes en Galicia por la imposibilidad de realizar sus giras veraniegas ante las restricciones que se imponen. La Panorama no sale de turné. Y parece que el resto de las orquestas del top five gallego, tampoco. 1.000 o máximo 2.000 espectadores en sus actuaciones, con mascarillas, distancias de seguridad y sentados… ¡Eso no es una verbena, parece un funeral musicalizado!

Igual o peor suerte pueden tener los conciertos. Si en Pontevedra, en la Semana Grande los hay, que nadie piense en que se repita algo como lo de Rozalén y Ana Belén del año pasado con las muchedumbres que hubo en la Plaza de España. Serán en recintos reducidos, con aforos muy limitados y más aire de acústicos o «unplugged» que de un espectáculo masivo.

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