Ajenos a la vorágine consumista

Un alto porcentaje de pequeños comerciantes se mantiene al margen del Black Friday por fidelidad con el consumidor de todo el año y para evitar pérdidas


pontevedra / la voz

Llamativos carteles que publicitan importantes descuentos, que en ocasiones superan el 50%, tratan de captar desde hace ya unos días la atención de los consumidores. Es el Black Friday, una fecha comercial que comenzó limitándose a un día y que se ha extendido ya a casi una semana de descuentos. Lo que al principio era una excepción de un único día en las cadenas de tecnología se ha prologado hasta llegar a peluquerías, restaurantes o gimnasios. Desde la Federación Provincial de Comercio calculan que más de la mitad de los establecimientos realiza alguna clase de descuento, ya sea auténtico o simplemente poniéndole un cartel de Black Friday a los productos de «outlet».

Las grandes cadenas competirán en esta jornada con descuentos suculentos para adelantar las compras navideñas y conseguir una facturación mayor. Gran parte del pequeño comercio de la ciudad se ha sumado también a esta tendencia, aunque con reducciones en los precios más modestas.

Y es que esta campaña de márketing americana ha llegado para quedarse, pero el comercio local alerta del daño que causa al pequeño establecimiento tener que bajar los precios empujados por una demanda de mercado reñida con la rentabilidad de los negocios. Y cada vez son más los que optan por mantenerse ajenos a la vorágine consumista y eludirán los descuentos puntuales en la jornada de hoy, algunos porque no les compensa y otros por convicción, ya que consideran absurdo entrar en una guerra de descuentos que para ellos se traduce en «perder dinero».

Este es también el argumento que defiende el presidente de la Federación Gallega de Centros Comerciales Abiertos y vocal de la Confederación Española de Cascos Históricos (Cocahi), Enrique Núñez. Explica que el pequeño comercio se sumó hace poco más de un lustro al Black Friday «por una imagen de modernidad, nadie quería quedarse fuera. Con el tiempo se demostró que tiene pocos beneficios».

¿Por qué? Para Enrique Núñez por las grandes diferentes entre las grandes cadenas y los pequeños comercios. Mientras los primeros tienen capacidad para fabricar exclusivamente para rebajas o jornadas con descuentos, el pequeño comercio genera pérdidas si aplica descuentos a la misma mercancía que vende todo el año, «porque no hay diferencia de calidades. Y no se puede vender a pérdidas y mucho menos a costa de cargarse la campaña de Navidad».

Mercedes Corbillón, Librería Cronopios: «Los libros son mucho más que un producto»

Aunque los precios de los libros están regulados por ley, las librerías podrían aplicar hoy un descuento del 5%. Mercedes Corbillón, propietaria de la librería Cronopios se niega. «Consideramos que vender libros no es lo mismo que vender ropa u otro artículo cualquiera. Las promociones tienen que ser más personalizadas. Un libro es mucho más que un producto». En este sentido apuestas por el Club Cronopios, con descuentos especiales para sus miembros.

Encarna Pol, Pequeñitos y Adorables: «Yo hago descuentos todo el año y trabajo con bajo margen»

Encarna Pol es propietaria de Pequeñitos y adorables, una tienda de alimentación y complementos para mascotas que también se mantendrá al margen del Black Friday. Asegura que sus márgenes son demasiado bajos y que aplicar un descuentos lineal a sus productos supondría perder dinero. Añade que hace descuentos continuos a sus clientes precisamente para premiar su fidelidad continua «sin necesidad de modas exportadas».

Miguel González: Óptica Titanium: «Sería injusto premiar a quien solo compra un día concreto»

 Miguel González, propietario de Óptica Titanium, lo tiene claro. En su escaparate no lucirá hoy ningún cartel de descuento. «Seria muy injusto que premiasemos a alguien que espera a un día concreto para venir a comprar buscando una mayor rentabilidad». Este comerciante insiste en que no se vive «de vender un día» y por ello reparte sus esfuerzos en el diseño de campañas que distribuye a lo largo de todo el año.

«Trabajamos con precios muy ajustados porque la competencia es muy alta y ofrecemos descuentos en diferentes etapas, para facilitar por ejemplo, que nuestros clientes puedan renovar sus gafas», apunta.

Está decidido a escapar «de la locura consumista», aunque deja claro que la «respeta», para matizar a continuación que nada tiene que ver «con mi forma de trabajar. Yo busco fidelizar a mis clientes todo el año», concluye Miguel González.

 

Almudena López, A Balea dos Colores: «El viernes negro acaba con el comercio de proximidad»

En A Balea dos Cores recibieron en los últimos días consultas de clientes preguntando por los descuentos previstos para la jornada de hoy. No habrá. Almudena López tiene claro que resultaría perjudicial para su negocio y que, además, sería injusto para los clientes de todo el año.

En esta juguetería venden artículos exclusivos en la ciudad y ese plus les hace afrontar el reto de dar la espalda al Black Friday. «Ya sabemos que por internet se puede adquirir todo, pero nosotras creemos en la cercanía y el trato directo y para eso tiene que existir el pequeño comercio de proximidad. Iniciativas como el Viernes Negro se lo carga».

Almudena López prioriza la «honestidad para con nuestro producto, con nosotras mismas y sobre todo con el cliente que nos elige todo el año. Sería injusto que aplicasemos un descuento ahora a algo que hemos vendido más caro la semana pasada».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Ajenos a la vorágine consumista