Os Milagres resisten a la canícula

Hubo abarrote en Amil; aunque había quien decía que menos que otros años


pontevedra / la voz

Costaba creer ayer a una rosquillera de Portas o a un vendedor de exvotos de cera de Brión que aseguraban, ayer a media mañana, que había bajado la afluencia de romeros en el día grande de Os Milagres de Amil (Moraña). Costaba creerles porque la caravana de coches para llegar era grande, las colas para entrar al santuario tremebundas y ni siquiera era fácil andar por la zona más dedicada a la fiesta, con los pulpeiros o las atracciones infantiles. Tengan o no razón, la imagen del lleno en las misas y de la virgen con los billetes volvió a repetirse. Y eso que la canícula era realmente agobiante, llegando a provocar algunos desmayos.

Sobre las doce, los afortunados que podían ir entrando al santuario respiraban aliviados. Bajo techo, no había al menos esa sensación que deja el calor desaforado. Entraban, frotaban a la virgen con un pañuelo y tenían que salir, porque eran muchos los que esperaban para entrar. Algunos iban luego hacia la zona de las misas -que fueron campestres-, otros se decantaban por las romerías. Y algunos más, simplemente, buscaban la sombra. Le ocurría así a un grupo de mujeres mayores de Boiro, que había venido en autobús y que encontraron asiento en la plataforma de los coches de choque. «Aquí polo menos non da o sol, é moito o calor que vai», indicaba una señora mientras, precisamente, por la megafonía se escuchaba al sacerdote pedir una ambulancia por un desmayo.

El pulpo que no falte

Otros romeros decidieron que lo mejor que podían hacer para combatir el calor era sentarse a comer pulpo con su correspondiente pan y vino. Lo hacía un grupo de amigos de Cambados. Uno de ellos, indicaba: «O que quita o frío quita o calor». Y venga, a seguir festejando.

Relativamente contentas estaban también las rosquilleras, que decían que «algo vaise vendendo». Algunas tuvieron visita de los inspectores de Trabajo. Otras no vieron a los funcionarios, pero no les importaría que les revisasen los papeles. «Por min que veñan a todas as festas, así evitamos as ventas ilegais. Eu teño todo en regra e os meus traballadores dados de alta», contaba un vendedor de exvotos, que indicaba también que últimamente se venden muchas figuras de cera de bebés, niños o mujeres embarazadas. «O que máis pide a xente son as figuras de cera do corpo enteiro, pero as dos nenos cada vez se venden máis», decía, mientras seguía a la tarea.

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