La emprendedora que hace que el Camino se coma

Aprendió a elaborar obleas entre monjas; las confecciona en forma de vieira y con dibujos de la ruta xacobea

La emprendedora que hace que el Camino se coma Aprendió a elaborar obleas entre monjas, las confecciona en forma de vieira y con dibujos de la ruta xacobea

pontevedra / la voz

Pilar Alonso es una de esas emprendedoras que le da vida al vivero de empresas que la Diputación abrió en el polígono de Barro. Ella es la inventora de las Xacobleas; de su imaginación salieron unas obleas «como las de las monjas y los curas», explica, pero con distintos sabores y con dibujos y palabras alusivas al Camiño de Santiago. Recibe en el pequeño obrador donde confecciona las viandas. Va vestida con ropa de faena, de blanco, con gorro y guantes. Y al principio cuesta un poco que se apee del rol profesional. Luego lo hace y queda patente que, además de gran inventiva, detrás de las Xacobleas hay mucho corazón.

Pilar es natural de Vigo y desde pequeña le tiró eso de buscar nichos de mercado. «Veía cosas y se me ocurrían negocios, es algo que siempre me encantó... claro que muchos eran irrealizables», señala. Hizo un ciclo superior de Administración y Finanzas y trabajó en distintos sitios como administrativa y comercial. Mientras lo hacía, su yo emprendedor no dejaba de asomar por la cabeza. Encontró el amor con un hombre de Caldas y decidieron emprender camino juntos en Vilagarcía. Tener a su primera hija fue lo que la empujó a pasar de imaginar negocios a convertirse en emprendedora. Tenía ganas, pistas de lo que quería hacer... pero le faltaba la idea principal. La inspiración, sorprendentemente, la encontró entre monjas.

Un día se enteró de que había unas religiosas que pedían ayuda para confeccionar obleas. Y allá fue Pilar a ayudarles. «Lo hice sobre todo por curiosidad», indica. Pero cuando vio que aquellas viandas «estaban tan buenas y eran tan apetecibles» se le encendió la bombilla. Pensó en confeccionar obleas con algo añadido. «Quería que fuese algo muy relacionado con Galicia, algo que nos identificase. Y pensé que no había nada más gallego que el Camino de Santiago. Decidí muy pronto que haría obleas con forma de vieira». Así nacieron las Xacobleas.

La ruta portuguesa

En cuanto tuvo la idea, tiró de todas las experiencias que había vivido cuando hizo el Camino Portugués. Se acordó especialmente de la escuela unitaria de Carracedo, en Caldas, y de ese ¡Buen Camino! escrito en las ventanas del cole en muchísimos idiomas. Así, empezó a adornar sus Xacobleas con la mítica flecha del Camino, con huellas, con la figura del peregrino, con el mapa de Galicia o con la citada frase de los alumnos en doce lenguas diferentes.

Por el camino, nunca mejor dicho, se encontró con algunos cómplices. Le ayudó el hecho de que la Diputación le concediese un local de alquiler en el vivero, y fue importantísimo también que una empresa viguesa, Tecnigal, aceptase ponerse manos a la obra para hacer las máquinas con los moldes en forma de vieira. «Su ayuda fue clave, a ninguna empresa le compensa hacer algo tan específico y ellos se brindaron, estoy agradecida», dice.

A partir de ahí, agua, harina, sus trucos de artesana y a trabajar. De momento, ella lo hace todo, desde pasarse horas y horas en el obrador a intentar convencer a las tiendas para que vendan su producto. Lo tiene ya en unos 60 puntos de venta. Y sigue dando vueltas por Galicia en busca de más distribuidores. Lo hace ejerciendo además de mamá. Así, es habitual que ella se lleve a sus hijas, las pequeñas Carmen y Carla, a la ruta de las obleas. Cuenta que este verano la situación llegó a ser bien divertida: «Nos íbamos ellas y yo de excursión, con las obleas, y llegamos a un trato. Cada vez que una tienda aceptaba venderlas teníamos que buscar un parque infantil y pasar allí un rato. Lo tomaron como un juego y fue bastante bien», cuenta Pilar mientras se le emociona la mirada.

Sus hijas, así como su marido y el resto de la familia fueron también fundamentales para ir afinando el sabor de las obleas. «Probaron de todo... y al principio algunas sabían muy mal», señala Pilar entre risas. Finalmente, las hace de jengibre y canela, café, coco y las clásicas. Y ya prevé lanzar también las de cacao y unas confeccionadas con semillas de chía y lino.

Si se le pregunta por el futuro, Pilar saca la garra emprendedora y se ve aumentando un poco la plantilla -ahora logra hacer como mucho 120 obleas al día, que vende en paquetitos que cuestan 1,50 y 1,80-. Tiene claras cuáles son las prioridades a la hora de contratar: «Quiero que puedan sumarse personas como yo, con cargas familiares, que busquen conciliar como busco yo». Pero dice que es pronto para soñar con empleados. O no. Que para algo detrás de las Xacobleas hay una Pilar y un pilar de mujer.

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