La madre que echa las cuentas de todo un colegio

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Emilio Moldes

Es la tesorera de una asociación de padres peculiar, que formó una cooperativa para abaratar costes con el material

03 mar 2018 . Actualizado a las 05:15 h.

Rocío Acuña Nieto se ríe cuando se le dice que es una mamá economista. Luego, responde a la gallega: «¿Acaso hay alguna madre o algún padre que no lo sea? Yo no los conozco, hoy en día creo que todos hacemos números para salir adelante». Pero la realidad es que Rocío hace algunos números más que el resto. A saber: lleva varios años ejerciendo de tesorera del ANPA del colegio de Parada-Campañó. Y no es una asociación de padres cualquiera. Resulta que, entre otras muchas peculiaridades, tienen montada una especie de cooperativa para comprar material escolar o libros y así tratar de abaratar costes a las familias. Lo hacen con los alumnos de infantil, ya que en primaria al existir ayudas de la Administración y demás es complicado. Y Rocío es la que cuenta los garbanzos. Es decir, la que se mueve aquí y allí para tratar de conseguir el género a precio y luego se encarga de pagarlo con el dinero de todos.

Cuenta Rocío que cuando uno de sus hijos llegó al colegio le ofrecieron participar en el ANPA. Entonces, como ahora, tenía trabajos esporádicos en hostelería. Así que pensó que contaba con tiempo suficiente para enrolarse en la directiva de la asociación de padres. Y ahí empezó su máster en economía. Dice que el año que arrancó la cooperativa, como no tenían experiencia en esas lides, se decidió que cada familia de infantil pusiese entre 100 y 120 euros -dependía del curso- para pagar el material escolar de todo el año. Y la cooperativa se encargaría de comprarlo. Dice que a partir de ahí ni ella ni la directiva de la asociación dejan escapar una oferta de folios, libretas o lo que se necesitase. Exprimieron tanto la cosa que al final de curso hubo que acabar repartiendo el buen pellizco que sobró.

Pero el nexo de Rocío con el colegio de sus hijos va más allá. Ella, que es de estas personas a las que le das una aguja y un hilo o una cartulina de colores y mueve el mundo, también ha puesto su inventiva a merced de la escuela. Y en el cole luce desde un gusano a unos árboles que salieron de sus manos. También dio talleres en el centro de pasta de sal o incluso se puso manos a la obra con otros padres para colocar el suelo de un parque infantil. Tal cual. Como veían que el recinto de juegos que tenían permanecía en estado deplorable, Educación, colegio y ANPA pusieron fondos para comprar nuevos columpios y caucho para el suelo. Pero de colocar el material se encargaron los padres. «Hay que colaborar y aquí estamos todos implicados, a unos se le da bien una cosa y a otros otra. A mí las manualidades me encantan, hago desde fofuchas a diademas o lo que me pidan», cuenta.

Luego, señala que entiende que no todos los padres tienen el tiempo suficiente para poder dedicárselo a la comunidad educativa. Aunque ella cree que merece la pena sacar esos minutos de debajo de las piedras: «Los niños son las personas más agradecidas del mundo, y es precioso trabajar por ellos». En realidad, a Rocío, positiva por naturaleza, le parecen preciosos casi todos los retos que se propone. Uno le pregunta si siempre es así, si no se viene abajo nunca. Entonces suelta eso de «si yo te contase..». Y uno le pide que cuente. Y algo cuenta. Cuenta que a veces la vida enseña a mirar sí o sí en positivo. Habla del momento en el que su pareja y padre de sus hijos tuvo un accidente de moto grave, en el que por culpa de un guardarraíl terminó con una pierna amputada. Él tenía entonces 26 años y ella unos meses más. «Te pasa una cosa así y puedes hundirte y pensar que es horrible o tirar hacia adelante y pensar que tuvimos suerte, que él está sin pierna y jubilado, pero sigue estando ahí», explica Rocío. Cuenta también una anécdota que le ocurrió en el hospital aquellos días. «Me acuerdo que una amiga me dijo que lo que nos estaba pasando, o nos separaba o nos unía más». Y debió de ocurrir lo segundo. Porque con algo de vergüenza y mucha sonrisa Rocío cuenta que después de 19 años juntos están a punto de casarse. Resulta que él siempre decía que hasta que ella se lo pidiese no se casaba. Así que, ni corta ni perezosa, en una reunión con los amigos Rocío le regaló a él una camiseta muy sencilla de entender: «En la camiseta se le preguntaba si después de tanto tiempo se quería casar con ella, y había dos casillas, la del sí y la del no, y también un rotulador para marcar la que eligiese». ¿Qué eligió? La duda ofende. Aunque hay que decir que en primer término la respuesta fue un poco retranqueira. «Depende», le espetó el . Pero no debía depender de mucho. Porque la fecha del enlace ya está fijada. Y todo ello después de 19 años, una casa y dos hijos en común.

Colabora con la decoración del colegio y también hace manualidades y muñecas fofuchas

Se encarga de recoger el dinero de los padres y comprar todo el material de infantil

Hizo las veces de albañil para colaborar en la creación de un parque en el centro