Santiago Mariño (Segovia, 1973) ascendió al Pontevedra B en dos ocasiones y lo dejó en Terceras. Ahora, en uno de sus momentos más bajos, regresa para hacerse cargo de él. Dice que ni siquiera preguntó las condiciones.
-¿Es usted el segoviano más pontevedrés del fútbol español?
-Creo que sí, porque conozco a otro que también es segoviano y vivió aquí mucho tiempo pero no está tan orgulloso como yo de estar aquí. Sí, sí, seguramente sí. Mis padres son gallegos y yo soy más gallego que el albariño. Sí es cierto que de vez en cuando tiro para Segovia un poco, para no olvidarse uno de dónde nació, pero uno es de donde pace, está claro.
-En el 2007 llevó al equipo de Primera Regional a Tercera. ¿Este año el objetivo es igualarlo casi al primer equipo?
-Mi objetivo es primero ordenar todo esto. Primero tenemos que ordenar el filial, empezar a plantar unas semillas que dé raíces buenas, y eso solo se hace teniendo a los mejores jugadores que el club se pueda permitir. Está claro que el equipo en Primera Regional no pinta nada y que también a la vez tengo muy claro que ascender no es nada fácil. Con lo cual es una temporada de nueve o diez meses que tenemos que poner plazos en dicha competición para ir poquito a poco sembrando lo que pueda ser en el futuro un ascenso. Si es esta temporada mejor, pero creo que antes de pensar si se va a ascender o no, primero tenemos que sentar unas bases importantes en cuanto a plantilla, a metodologías, organización interna, etcétera.
-¿Le costó decidirse a volver?
-Cero, me costó cero. Es mi sexta temporada en el filial y es la tercera vez que vuelvo. Ya dije en su día, cuando me cesaron, que volvería al Pontevedra. Y el tiempo ha acabado dándome la razón. Somos como una pareja que se enfada, vuelve, se enfada vuelve,... así somos el Pontevedra y yo. Y así estamos: hemos vuelto y me ha costado cero, y desde luego que es el club al que más ilusión me hace entrenar, sin ningún tipo de duda.
-¿Hubo algo que terminara de convencerle?
-Simplemente fue descolgar el teléfono y ya dije que sí, previo a condiciones económicas, de duración del contrato, a lo que fuese. Me da igual. Creo que yo necesito al Pontevedra y que el Pontevedra me necesita a mí.
-¿No cuesta volver a un sitio del que ya se ha ido uno un par de veces?
-A mí no, desde luego. Si fuera otro club a lo mejor sí me costaría, pero en este club no me cuesta nada porque, además, los que somos del Pontevedra de toda la vida sabemos que en los momentos malos, y este es un momento muy malo para el filial, tenemos que arrimar el hombro para intentar reflotarlo. Al final, los que somos del club, los que lo llevamos dentro, tenemos ese compromiso moral interno que nadie nos ha impuesto, solo nosotros mismos, de que tenemos que volver para echar una mano. Luego, si las cosas van bien, sucederá que se anotarán al carro 40.000, pero en los momentos malos nadie se anota, y en este carro ahora me subo yo porque así lo siento.
-Habló de los problemas del filial, que son muchos pero ¿cuál es su punto fuerte?
-El punto fuerte que tenemos que tener todos bien interiorizado es la ilusión, la ilusión de pertenecer al equipo que es de la capital de la provincia, punto uno. Y punto dos: la ilusión de que, cuando nadie cuenta con nadie y nadie arrima el hombro para momentos difíciles, los que estemos tenemos que tener la ilusión y el objetivo de que esto se puede levantar, y así tenemos que hacerlo. Seguramente no vamos a ser la mejor plantilla de la categoría, y seguramente no vamos a ser los que mejor juguemos al fútbol, pero en ilusión nadie nos va a ganar. Vamos a tener muchos hándicaps y deficiencias que se irán tratando de corregir con el tiempo, pero desde el primer minuto del primer entrenamiento yo voy a inculcar la ilusión para que esto se levante y para que el filial vuelva a servir para algo al club, que es el objetivo, que sirva para formar jugadores.