Condenado por blanqueo, asegura que «no existía ninguna relación» con el narco Pelopincho
10 jun 2016 . Actualizado a las 07:39 h.El abogado pontevedrés Manuel Franco Argibay ha vuelto a ejercer como tal tras haber cumplido una condena de la operación Cormorán, la en su día mayor investigación policial en Galicia contra el blanqueo de dinero procedente del narcotráfico vinculada al patrimonio de José Antonio Pouso Rivas, Pelopincho. Echando la vista atrás. asegura que terminó formando parte de esta red «de manera indirecta y circunstancial, sin que fuese mi voluntad el hacerlo».
-De usted se dijo que fue la mano derecha del narco ribeirense e, incluso, la Audiencia estimó que fue contratado por este para que «o asesorase na mellor forma de ocultar xuridicamente distintas adquisicións e transmisións de bens». ¿Cómo era su relación con Pelopincho?
-No existía ninguna relación con Pelopincho y la única conexión con él era a través de su mujer, a la cual le asesoraba con su tienda de ropa que tenía en Vilagarcía.
-Pouso Rivas es el único detenido en la operación Cormorán que no fue juzgado porque permanece en paradero desconocido...
-Desconozco en estos momentos su situación. De los informes de la policía y de lo que me han hecho llegar, ha fallecido. Al parecer, por un tema del robo de una mercancía o algo así, pero desconozco los hechos, ni tengo nada que ver con ellos, evidentemente.
-En cualquier caso, ¿cuál fue el punto de inflexión? ¿En qué momento dio el paso?
-El honor. Sé y tengo mi conciencia limpia y tranquila, pues cada persona sabe lo que en cada momento dice, acuerda y habla. Por este motivo, todos debemos ser responsables con nuestros actos. Otra cosa bien distinta es que, con el tiempo, lo que no conviene, se quiera tergiversar, pero la ausencia del honor es lo que más me duele en esta vida.
-Tras su arresto, estuvo cinco años huido de la Justicia. ¿Cómo fueron?
-Enriquecedores en todos los sentidos. Y, por otro lado, duros por no estar con mis hijos. Pues no es solo el aislamiento un dolor, sino que también una manera de ver la vida desde otra óptica.
-¿Es cierto que regresó a España por el amor a sus hijos, por poder volver a verles?
-Sí, es cierto.
-Y desde el pasado agosto ha vuelto a ejercer la abogacía. ¿Cómo se siente?
-Con muchas fuerzas y ganas de trabajar. La experiencia que me acompaña en estos momentos tiene mucho valor e importancia para los grandes asuntos que ya comienzan a llegar a la mesa de mi despacho.
-¿Qué ha sido lo más duro de todos estos años?
-El aislamiento de mi familia, que, por otro lado, me ha permitido un estudio más metódico e intenso del mundo del derecho y de mi propia formación como letrado.
-Me imagino que sabrá que hay personas que desconfían de usted.
-Desconozco esta circunstancia y nunca ha llegado a mis oídos esta desconfianza. Si fuese así como me dice, decirles que soy un hombre de palabra, más que de papeles y firmas, y siempre me he guiado por mis principios de honor.
-Muchos compañeros de profesión se siente traicionados.
-Decirle a esto que nunca he sido inhabilitado y, por lo tanto, nunca he manchado el buen nombre de la profesión como, por el contrario, se decía e, incluso, se predicaba por la ciudad con la finalidad de desprestigiar mi persona.
-En todo caso, ¿ha saldado sus cuitas con la Justicia?
-Sí.
-¿Y el futuro??
-Esperanzador por toda la experiencia acumulada a lo largo de mi vida.
Manuel Franco Argibay Abogado