De propina, también Elnosa

El Partido Popular se desdice sobre la planta de la clorera tras el anuncio del conselleiro de Industria, Francisco Conde, que prepara el camino a otra prórroga en Lourizán

Francisco Conde (segundo por la derecha) el día que anunció en Pontevedra la postura sobre Elnosa.
Francisco Conde (segundo por la derecha) el día que anunció en Pontevedra la postura sobre Elnosa.

Feijoo debe haber hecho muchos números para llegar a la conclusión de que le cunde más entrar en flagrante contradicción y por partida doble, que mantener su discurso de los últimos ocho años con respecto al complejo industrial de Lourizán.

En esos números, el Partido Popular tiene que cuantificar el coste que deberá afrontar por el incumplimiento de sus compromisos electorales y de los acuerdos institucionales que había adquirido ante la opinión pública, la sociedad gallega y el resto de las fuerzas políticas.

Era sabido, ya hemos comentado que el PP ha desistido de mantener el discurso del «horizonte 2018» para Ence. Primero en Madrid, luego en Santiago y por supuesto también en Pontevedra, todos los cargos públicos han cambiado el chip. De modo que el presidente de la Xunta ya asumió que Mariano Rajoy tiene decidido que dará prórroga al actual asentamiento de la pastera, con la coartada de la nueva Ley de Costas, argumentando que «más vale mantener puestos de trabajo que cerrar industrias». Y todos los demás dirigentes, irán detrás, como en procesión. Y en consonancia, Ence acaba de confirmar que pedirá prolongar su asentamiento en Lourizán unas cuantas décadas más.

Pero Elnosa no estaba en el lote de potenciales beneficiarios de la concesión de ese plus. Más bien al contrario. El discurso de la Xunta de Feijoo había sido más beligerante con la factoría de cloro que con la celulosa. El anterior conselleiro de Medio Ambiente e Infraestructuras, Agustín Hernández hizo mucho tiempo de poli malo y actuó de bastión del gobierno para percutir en la firma portuguesa CUF, propietaria de Elnosa, hasta que aquella aceptó firmar un convenio que está a punto de convertirse en papel mojado. Aquel que obligaba a cerrarla en el 2016 y a buscar un emplazamiento alternativo en un parque empresarial de la comunidad -preferiblemente en nuestra provincia- para llevar a cabo el pretendido traslado.

Por las pistas que dio esta semana Francisco Conde, conselleiro de Industria, la intención de la Xunta de Galicia es desistir de aquel compromiso para facilitar la continuidad de la fábrica de cloro junto a la pastera. Dos por el precio político de una.

Llamativo -por cierto- que el cambio de discurso sea anunciado por uno de los conselleiros de perfil político más bajo, poco acostumbrado a dar titulares y que podríamos concluir que es de los más obedientes al argumentario diario que les pasa Presidencia.

Por tanto si Conde se arranca por peteneras en Pontevedra, en el transcurso de una visita aparentemente anodina, y destapa el anuncio de que la Xunta también dará marcha atrás con Elnosa, es que la decisión está más que digerida. Y suficientemente conocida y extendida entre los miembros del gabinete autonómico.

Las cuentas de Feijoo

Para llegar a este inminente desenlace, reitero que el presidente de la Xunta y sus colaboradores han echado las cuentas y calculan que el cambio de discurso no le va a reportar un mayor quebranto electoral en la circunscripción de Pontevedra donde, por cierto, fue el propio Núñez Feijoo quien encabezó la lista.

Habrán estimado que ya le han sacado todo el provecho electoral durante los últimos ocho años a la idea de Telmo Martín de apostar por el traslado de Ence, a la que se abrazó Feijoo desde el 2009 que, por supuesto, incluía asimismo el cierre y traslado de Elnosa.

Las dos legislaturas consumidas por el gobierno de Núñez Feijoo han evidenciado enormes dificultades para negociar con las dos empresas. Y por tanto, para consumar las promesas electorales realizadas, cumplir los compromisos parlamentarios adquiridos y hasta ejecutar los convenios firmados como ocurre particularmente con Elnosa.

A mayores, la crisis económica y la depresión laboral que vivimos de modo todavía acuciante en la comarca de Pontevedra, han servido de aliado coyuntural para argumentar un nuevo discurso político del PP con el propósito de aminorar el desgaste de credibilidad que ya se han ganado a marchas forzadas.

Derecho al pataleo

Frente a la actitud férrea que muestra el PP con su cambio de discurso, el gobierno municipal de Pontevedra ha reaccionado como cabía esperar: anuncia batalla judicial que será larga y probablemente destinada a subsumirse en recursos; y presión social.

El gabinete nacionalista llamaba por boca de Carmen da Silva a la movilización de los ciudadanos. A la vista de cómo ha evolucionado la opinión pública en Pontevedra con respecto a la percepción del complejo de Lourizán; los niveles de asistencia de las marchas contra Ence de los últimos años y otros indicadores que ya tiene reflejado algún trabajo demoscópico de Sondaxe, el reto del BNG va camino de ser un brindis al sol. Más entendible para consumo interno de su militancia y entorno electoral, pero de puertas afuera susceptible de ser interpretado como una muestra de resignación no exenta de pragmatismo.

Convendría no olvidar que el Bloque, junto al PSOE, tuvieron su oportunidad con el bipartito en la Xunta, durante cuatro años, de hacer algo más contra la continuidad de Ence y Elnosa que realizar declaraciones programáticas y anunciar una mesa de negociación con la empresa de la que nunca se supo.

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