Se necesitan más «palleiros»

El abandono de perros, aguijoneado por la crisis económica, espolea la solidaridad que requiere más voluntarios, más adopciones de animales y reformas penales

Os Palleiros protestó en A Parda cuando se juzgó a un vecino de Salcedo que dejó morir a dos perros.
Os Palleiros protestó en A Parda cuando se juzgó a un vecino de Salcedo que dejó morir a dos perros.

Hace cuatro años que en casa tenemos perro. Más exactamente, perros (plural). Primero llegó Pancho, un caniche blanco, casi níveo, que se ha criado con nosotros desde que tenía dos meses. Y después la familia aumentó con Tina Turner, llamada así por mi mujer y mi hija porque es una caniche negra, tan negra y vivaracha, como la cantante norteamericana en sus tiempos esplendorosos.

Hay un antes y un después de cuando tomas entre tus brazos a un animal de estos y se establece una conexión entre ambos. Pese a que los humanos siempre nos quedamos muy por detrás del cariño y la lealtad con que ellos te responden. Su presencia cambia la vida, otorga nuevas perspectivas y propicia otros valores.

Por tanto entenderán la repugnancia que me ha generado la sentencia que acaba de condenar al propietario de dos perros a los que mató por abandono e inanición en Salcedo. Por los exámenes veterinarios podrían llevar cinco meses sin ingerir alimento alguno, además de los problemas sanitarios sobrevenidos.

Por todo castigo semejante individuo cuyo nombre se parapetó en iniciales, recibió una multa de 400 euros, según el fallo dictado en los juzgados de A Parda. Demasiado barato para tanta maldad.

El Código Penal se ha quedado desfasado en muchos aspectos. Y este del maltrato animal es muy evidente.

Como me decía Poli, una de las más proactivas voluntarias de Os Palleiros y responsable del establecimiento Pequeñitos adorables, «mientras esos señores sigan subidos en el coche oficial, arrellanados en el asiento de atrás sin enterarse de lo que pasa fuera, continuarán en su burbuja, a diferencia de cualquier otro ciudadano que solo con circular con su vehículo cerca de una perrera como la nuestra, apreciará que hay un problema mayúsculo de abandono de animales».

Además coincidió la sentencia con el acuerdo del Parlamento de Galicia de ampliar las multas que la Xunta deberá imponer en los supuestos contemplados en la nueva ley contra el maltrato animal. Sanciones desde 3.000 hasta 30.000 euros que cabría aplicar en un caso como aquel de Salcedo por maltrato que cause la muerte. Ese sí es el camino para que la sociedad perciba un fondo ejemplarizante, aunque dependerá del nivel de compromiso del actual y de futuros gobiernos autonómicos.

Ayer se celebraba el Día Mundial de los Animales. Tal efemérides no alteró el ímprobo trabajo de decenas de voluntarios de las protectoras (solo 30, en el caso de Os Palleiros). Su esfuerzo permite capear el goteo diario de abandono de animales. Entre 2012 y 2013 se recogieron 700 perros, casi uno por día, en nuestra ciudad.

¿Tiene que ver con la crisis económica? Sí. Aunque no exclusivamente.

La perrera de Campañó lleva desbordada años. Teóricamente puede aforar 150 animales pero normalmente ronda los 200. La instalación de titularidad municipal es atendida por Os Palleiros mediante un convenio anual. El Concello aporta algo más de 27.000 euros pero los gastos de manutención, atención veterinaria, limpieza y otros que precisan los animales, duplican esa cantidad que la asociación debe sufragar. Sobreviven a base de generar recursos con las adopciones de perros (50 euros por animal que se entrega vacunado, chipeado y esterilizado) y con ventas en mercadillos, lotería y donaciones (precisarían más sobre todo de firmas de distribución, supermercados y otros centros que podrían aligerar los costes de alimentación). Pero sobre todo, por las cuotas de los socios cuyo número necesitan que se amplíe porque es el modo de obtener mayor sustento social y hacer más transversal su labor entre los pontevedreses.

Ciudad solidaria

No obstante, pese a todo lo escrito hasta ahora, no querría que concluyan que Pontevedra es una ciudad poco sensibilizada en esta materia. Más bien al contrario.

Flor Costoya, de Peluxa, una de las ocho clínicas veterinarias de la ciudad, me decía que después de haber trabajado en diversas poblaciones, «nunca vi un nivel de sensibilización social tan grande como el que existe en Pontevedra, muy superior a la media de Galicia».

Y aunque no se dispone de un censo de animales y mascotas, (cuestión que el concejal pontevedrés del ramo, Miguel Filgueira conoce y debe solventar), se percibe que Pontevedra está por encima de la ratio de la comunidad autónoma. Y como ciudad campeona en solidaridad que somos, cerca de la mitad de los perros que tienen un hogar estable, proceden de adopciones de animales abandonados. No siempre resultan, a veces ocurren rechazos o inadaptaciones; hay incluso perros que han escapado y regresado al centro de acogida de Campañó. Se trata de un margen de error aceptable y entendible en el marco de una reacción solidaria como la que imponen estos tiempos de crisis y recortes, también para el mundo animal.

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