Una fiesta de lo más terrorífica

Elena Larriba García
Elena larriba PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

CAPOTILLO

La ciudad se viste estos días de entrañable oscuridad para celebrar el Samaín

29 oct 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

El tradicional Samaín celta o el Halloween en su versión más moderna e internacional invaden esta semana la ciudad. Meigas, demonios, vampiros, dráculas, calaveras y muertos vivientes son un reclamo comercial para una celebración lúdico festiva de lo más terrorífica a la que se suman instituciones, colegios, asociaciones culturales y vecinales y locales de ocio. Lo que para unos es una mera diversión, un entroido más, para otros es también una oportunidad para recuperar y reivindicar el origen de una tradición pagana de ritos y creencias mágicas y ancestrales, relacionadas con la noche de difuntos y con la Galicia agraria.

Disfraces

La oferta de trajes, complementos y artilugios para disfrazarse o ambientar las fiestas es de lo más variada en las tiendas especializadas y, aunque algunos comerciantes se quejan de que las compras están bastante retraídas por la crisis, confían en que las ganas de diversión hagan repuntar las ventas. Caretas, maquillajes, cucarachas gigantes, cuervos, gatos, grilletes, miembros amputados u ensangrentados, calabazas convertidas en calaveras, guadañas, gorros, pelucas, cápsulas para escupir sangre, lápidas, tridentes, collares de ajos, telas de araña... De todo se puede encontrar en estas tiendas para vivir la noche más tétrica del año. Los disfraces más clásicos de vampiro, de zombis, de demonios o de brujas malvadas, alternan con otros más novedosos de payasos siniestros y de insinuantes y maléficas féminas. Pero aquí no se percibe polémica alguna por el supuesto machismo que se esconde bajo determinados atuendos sexis que, por otra parte, tampoco son los más demandados.

Dulces y libros de terror

Otros establecimientos que rentabilizan el Halloween y el Samaín son las confiterías y demás tiendas de dulces, con los típicos huesitos de difuntos y los chocolates con motivos fantasmagóricos. También las librerías aprovechan el tirón pata promocionar entre los lectores la literatura de terror con escaparates de lo más aterradores.