El Festival das Núbebes reúne a decenas de niños de cero a cuarto años en el Teatro Principal para participar en el taller «O Son Arrolador»
23 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Uxía espera junto a su carrito que se abran las puertas del Teatro Principal. Ella, Pedro, Lucas o Xulia serán algunos de los protagonistas del taller de música O Son Arrolador, que preparan Marcelo Dobode y Mónica de Nut, dentro del Festival das Núbebes. Mientras algunos padres hacen cola en las taquillas del teatro para participar en la segunda función, los niños empiezan a entrar poco a poco en el edificio. La madre de Pedro, Alba Domínguez, reconoce que estas actividades «es la mejor forma de ir introduciéndolos en el mundo del teatro».
Pasan y se detienen en el hall. Marcelo Dobode los recibe con un entusiasmo tan grande que los más pequeños digieren con alguna lágrima, que pronto se secará. La música está por llegar. Uno a uno desfilan con sus padres por el patio de butacas hasta acomodarse en círculo sobre el escenario del Principal. Empieza la función. Y otra vez los gritos y las respiraciones lentas. Los que ya dejaron su etapa de bebé hace unos meses no temen las voces que recrean las contracciones de un parto, pero los que todavía no han pasado la barrera del año tienen más dificultad para aguantarlo. La actriz Mónica de Nut les pide un último esfuerzo antes de que destapen los objetos que más harán disfrutar a los niños.
Debajo de una sábana, tinas con agua, instrumentos musicales y semillas, que tocados por una veintena de niños entre cero y cuatro años componen una sinfonía, que la compañía teatral se encarga de grabar. «Me encantó, está muy bien, necesitábamos algo para los más pequeños», dice Rocío Pérez, que vino con sus hijas Xulia y Uxía. Cinco minutos después Mónica y Marcelo piden que padres y niños vuelvan a organizarse en un círculo. Aunque a los más pequeños les cuesta un poco aceptar esa norma, las estrofas del arrullo les empuja a acocharse junto a sus padres. Es suficiente para tranquilizarlos. Se relajan tanto, que el final de la función les pilla a muchos con los ojos entreabiertos. Ha pasado media hora y toca despedirse. Los niños están más cerca del teatro, han siso los protagonistas del Principal. Y no han sufrido miedo escénico.