¡Que se entere la «troika»!

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA / LA VOZ

PONTEVEDRA

Los tiques de la controvertida fiesta incluían rifas de regalos.
Los tiques de la controvertida fiesta incluían rifas de regalos. M. miser< / span>

Tras la trifulca sobre su patrocinio, la comisión de fiestas del Euro Cubata despachó 1.500 combinados «low cost» el sábado noche

27 may 2013 . Actualizado a las 13:58 h.

Hay cosas que solo pueden suceder en este país. La comisión de fiestas de Santa Cruz, en Castrelo (Cambados), echó la casa por la ventana para alumbrar este sábado la Festa do Euro Cubata. La ocurrencia es sencilla. Nada que ver con querencia alguna de ámbito continental, como podría sugerir la ampulosa denominación. Se trataba, simplemente, de seducir al público a base de vender cada combinado al módico precio de 1 euro. Xuventudes Socialistas no solo cuestionó la idea por poco edificante, acusó además al Concello arousano y a la Diputación, ambos gestionados por el PP, de emplear dinero público en su patrocinio. La organización, que lo negó, al igual que las dos instituciones, replicó que sus carteles habían sido saboteados y el asunto acabó en un cruce de denuncias ante la Guardia Civil y la Policía Autonómica.

Así que el Euro Cubata se materializó, a eso de las once del sábado noche, en el campo de la fiesta de Castrelo. La primera sorpresa, para quien desconozca el lugar, la depara una poderosa estructura que sobrevuela la zona, al estilo de las cubiertas que lucen algunas pistas deportivas en colegios e institutos. «Nada diso -informa un parroquiano- isto pagámolo os veciños porque a patroa é Santa Cruz, sempre chove e non era cuestión». La encomiable defensa de la celebración patronal da paso a una segunda llamada de atención. Bajo el amplio techado se disponen metros de barra como para ahogar a un regimiento. La gente de la comisión intercambia los tiques al precio prometido ante un cartel que prohíbe la venta de alcohol a menores. Mucha chavalada, aunque al filo de la medianoche el promedio de edad asciende como la graduación que prometen algunas de las botellas. «Ron Negrita, ron branco, güisqui ou xenebra», propone uno de los camareros a la concurrencia que se encarama al portentoso mostrador.

Cada consumición da derecho a abrir un papel. Si en él figura el nombre de alguno de los regalos que oferta la organización («botellas de viño», «reloj para señora y caballero», ¡una «dardada»!), premio. Un tipo que ni se ha quitado la gorra de sulfatar apura su trago -«o cubata déixase beber», proclama con evidente deleite- mientras la barra despacha su combinado número 1.500 y una pandilla de O Grove irrumpe en el recinto al ritmo trepidante que imponen los dilleis. Algo bailable, a la altura de unas copas que, como los caramelos del anuncio, suavizan la garganta y despejan la nariz a golpe de octanaje.