Cuando a finales del mes de diciembre se supo que Pontevedra recibiría este año el premio europeo a la movilidad, Intermodes, mucha gente se sorprendió. No porque la ciudad del Lérez no tenga merecimientos y reconocimientos nacionales para merecer el premio, sino por el impresionante palmarés que presenta el galardón en sus cuatro ediciones anteriores, desde que se instauró en el 2009.
Ese año se reconoció el proyecto transfronterizo entre Luxemburgo y la Lorena francesa de potenciación del transporte colectivo mediante la unificación de billetes de tren y la construcción de estacionamientos periféricos para potenciar el uso del autobús.
Al año siguiente, el premio fue para otro proyecto transfronterizo, esta vez entre la región del Ródano y los Alpes, que englobaba territorios de Suiza, Italia y Francia. Aquí se apostó por el transporte ferroviario. En el 2011 el premio fue para la política de transportes entre Suecia y Dinamarca, y en el 2012 el galardón recayó nada menos que en la Villa Olímpica de Londres por su apuesta por la coordinación de los transportes colectivos, ferroviarios, metropolitanos e incluso aeroportuarios.
Ahora toma el relevo Pontevedra, primera ciudad y primer proyecto español reconocido con este premio.