Adrián Laureda llegó al Pontevedra para ser titular, y desde la portería, construir el puente de ascenso a Segunda División B. Debutó contra el Dorneda en el primer partido de liga. Los granates cayeron derrotados y el meta coruñés no volvió a saltar al terreno de juego en competición de Tercera.
Sin embargo, el ex de equipos como Lugo y Benidorm, lejos de quejarse, entrena ilusionado cada día para, llegado el caso, estar en un estado optimo si se presenta una oportunidad para jugar. «Para mí la situación es complicada, ya que tenía unas expectativas muy diferentes», precisó Laureda al finalizar el entrenamiento de ayer. «Yo no voy a engañar a nadie».
El portero compitió las últimas siete temporadas en Segunda División B (Lugo, Alavés, Benidorm, Gramanet y Jaén).
Y aunque sus minutos de juego han sido escasos, Adrián Laureda sabe que desde fuera del campo también se puede aportar ese granito de arena que, en ocasiones, marca las diferencias. «Es importante echar siempre una mano, aunque sea desde fuera, entrenando y luchando», añadió.
Sin lamentaciones
En sus palabras se percibe la veteranía de un meta de 28 años. Además, echar leña al fuego no arregla nada. «Aquí hay que trabajar, y lo importante es que los chavales, los jóvenes, vean que hay que entrenar y siempre ayudar, sin quejas», subrayó.
También evita lamentarse, a pesar de que solo jugó uno de los 21 choques disputados hasta el momento. «Las lamentaciones y los arrepentimientos en esta vida no conducen a nada», señaló Laureda.
La clave para soportar la falta de minutos de juego: la paciencia. Y aunque la paciencia es amarga, como dijo en su día el filósofo francés Rousseau, los frutos suelen ser dulces.
«Simplemente trato de armarme de paciencia. Nada más», sostuvo Laureda. «Intento tener mucha paciencia, trabajar bien y estar a tope de nivel por si hay que saltar al terreno de juego».
De hecho, el arquero confía en que esa oportunidad, tarde o temprano, llame a su puerta. «Tengo la esperanza de que me va a llegar el momento -manifestó-. La madurez le da a uno ese punto de experiencia, de confianza». Adaptado a Pontevedra, Laureda se encuentra cómodo en el conjunto «pese a que las circunstancias complicadas que atraviesa el club».
El cancerbero, sin embargo, también esperaba un mayor rendimiento del Pontevedra. «A nivel colectivo aún tenemos mucho que mejorar -agregó-. Creo que todavía no hemos alcanzado el máximo nivel, y es el momento de exprimir todo lo que tenemos hasta el final de temporada».
La afición también esperaba un mejor año de competición, de ahí que hace unas semanas se escucharan los primeros silbidos en Pasarón. «Prefiero que la gente me silbe a que sea indiferente. La indiferencia es lo peor de todo», señaló Adrián Laureda, quien confía en alcanzar los puestos de ascenso.