Si damos por bueno que el puente de As Correntes aliviará el colapso de A Barca, está claro que Pontevedra necesita que entre en servicio cuanto antes. Aunque el proyecto nació de la colaboración entre dos administraciones -el Concello y la Xunta bipartita-, al PP local y por extensión al actual Ejecutivo autonómico el puente no les gusta ni un pelo. Pero a pesar de que el convenio del 2008 obliga a la Xunta a pagar, como muestra del desinterés no hay más que contar el número de visitas que ha cursado el conselleiro de Infraestruturas a una obra a la que su departamento aporta tres millones de euros: ni una. Por contra, Agustín Hernández sí ha supervisado, y en más de una ocasión, los trabajos del puente que se construye en Monte Porreiro, para el que su departamento no pone ni un euro. La colaboración entre administraciones es vital para ejecutar infraestructuras que beneficiarán a todos, y las cuestiones partidistas deberían quedar al margen. Aunque sea a regañadientes.