Forman parte del club referente de Monte Porreiro, que preside Emilio
19 jun 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Emilio Álvarez Vilariño puede presumir de ser uno de los pocos presidentes que llevó a su club de la nada a División de Honor y además en un tiempo récord. Estamos hablando del Club de Tenis de Mesa Monte Porreiro, que en un período de doce años pasó de tercera provincial a la máxima categoría a nivel nacional, un sueño que parecía imposible.
Emilio se ríe diciendo que además de presidente, es entrenador, conductor, utillero, jefe de compras y hasta jugador. Y como anécdota, comenta que hace tres años se compró un vehículo 7 plazas para llevar a los chavales a los partidos, «yo que siempre tuve un utilitario, y eso que tengo cinco hijos».
Fue en 1994 cuando un grupo de personas de Monte Porreiro y el Concello empezaron a pensar en alguna actividad que pudiera enganchar a los jóvenes y alejarlos del mundo de la droga. «Yo había jugado al ping pong, como se llamaba entonces, y propuse el tenis de mesa. En 1998 se consiguieron dos mesas y se fundó el Plan Comunitario de Monte Porreiro, y salimos con un equipo en tercera provincial. Nos dieron unas pasadas tremendas», recuerda. Luego empezaron a ascender y «en el 2000 fundamos el club Tenis de Mesa Monte Porreiro, para poder inscribirnos en la Federación Española. Yo fui uno de los fundadores y el presidente, y aquí sigo».
Su hijo, Fernando Álvarez, está con el desde el principio. «Ya desde pequeño jugábamos en casa, en familia, porque siempre había una mesa pequeña». Luego surgió el club «y estoy desde que se fundó. Mi padre fue el que llevó el peso desde el principio, pero siempre estuvimos juntos».
Hace tres años que dejó de jugar para dedicarse a entrenar, «porque es complicado sacar tiempo, y más teniendo dos hijas», dice. «Soy el entrenador del primer equipo, en tándem con mi padre. Además, él lleva toda la parte administrativa. También llevo el tema de las categorías bases, un poco el control de todo».
En la actualidad tienen seis equipos, el de División de Honor masculino, Primera División femenina y Segunda masculina, todas en categoría Nacional, y además las tres gallegas. «Movemos unos 55 jugadores, contando con las escuelas, desde los 5 años, hasta los 61 que tengo yo», asegura Emilio, quien ya tiene un nieto siguiendo sus pasos.
Promesa
«Tiene ocho años y es el segundo del ránking gallego en su primer año de benjamín», comenta con orgullo. Su hijo, por su parte, dice que el chaval, que es su ahijado, «empezó de chiquitito, acompañándonos a nosotros, como mi hija, Emma, que tiene 22 meses». «Pero mi sobrino, José Manuel, es una máquina, tiene muy buen nivel. Ahora está de treinta y tantos en el ránking nacional, pero yo espero que este año esté entre los 5 mejores, tirando por lo bajo. Y le quedan dos años en la categoría». Otros dos nietos, Quico y Raúl, se han aficionado igualmente a este deporte.
Padre e hijo nunca pensaron que llegarían a División de Honor. Fernando subraya que hace tres años «era imposible pensarlo, ni de coña. Y este año teníamos la posibilidad pero sabíamos que iba a ser muy complicado, sufriendo como condenados hasta el final, pero así se saborea mucho más». También destaca que se sufre más en el papel de entrenador. «Sin duda alguna, muchísimo más».
Ahora su preocupación es conseguir financiación. «Esta temporada tuvimos un presupuesto de 40.000 euros y ahora con el ascenso, necesitaríamos unos 50.000. Mi principal dolor de cabeza ahora es lograr más patrocinadores y ayudas», comenta Emilio. «Tenemos un jugador chino y otro rumano, que además es entrenador, a los que hay que pagarles».
Emilio Álvarez Vilariño, su hijo, Fernando Álvarez, y su nieto y sobrino, respectivamente, José Manuel Rodríguez Álvarez.
Edades
61, 34 y 8 años.
Todos son aficionados al tenis de mesa y forman parte del club Monte Porreiro, que acaba de ascender a División de Honor.