¿Por qué no nos manifestamos?

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA

La instrumentalización política provoca desafección en la sociedad

01 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Rozando los 5 millones de desempleados, una tasa de paro urbano que supera el 20%, una crisis sin precedentes, el continúo cierre de empresas... y las movilizaciones no son multitudinarias. ¿Qué le pasa a los pontevedreses? ¿Será suficiente el Día del Trabajo para reclamar en la calle un empleo estable o la desunión sindical de la comarca trasladará ese desánimo a los ciudadanos? Pontevedra es la única ciudad de Galicia donde las tres centrales mayoritarias -CC.OO., UGT, CIG- salen por separado para defender lo mismo. Argumentan diferencias irreconciliables.

El sindicato nacionalista culpa a los otros dos de venderse a Madrid y seguir las directrices del Gobierno central. Sin embargo UGT y CC.OO. tampoco reman en la misma dirección. «O seu posicionamento aquí é claramente electoralista e non asumen a súa cuota de responsabilidade», señala Ramón Vidal, secretario comarcal de UGT, acerca de Comisiones Obreras, desde donde se ciñen a repetir de UGT que «es la única ciudad en la que no salimos juntos».

La crisis no ha logrado unir lo que sí consiguieron la Guerra de Irak o Nunca Máis. Ni siquiera el número de desempleados más alto de la historia de la democracia ha alcanzado cifras de movilizaciones tan altas como en 2003. ¿Qué ocurre? El activista social, Xan Hermida, explica que es cuestión de desafección. «Si que vemos os problemas pero non hai canalización desas protestas. Nun momento puntual como foi o Prestige ou a guerra, situacións extremadamente inxustas, que golpean na conciencia da xente, movilizámonos». Y ¿qué pasa después para alimentar ese desánimo? «Despois dese punto de movilización forte, a xente volve a estar en proceso de desafección porque quen debería canalizar esas protestas o que fai é intentar instrumentalo electoralmente», advierte Hermida, que reconoce que esto provoca un sentimiento de «frustración» en la población.

Los grupos políticos se han convertido en «máquinas electorales á marxe da sociedade». Hay una desconexión entre la población y quienes la dirigen. No se consigue subirse al mismo vagón y parecen trenes que circulan por vías paralelas.

Poca fuerza sindical

Los sindicatos tampoco logran movilizar a la población. Los expertos aseguran que el papel importante que jugaron en el siglo XX no han sabido consolidarlo en la actualidad. «Son organizacións que móvense en función dun interés corporativo e non atenden as necesidades. Teñen a necesidade de reactualizar o seu discurso», reconoce Xan Hermida, activista social y miembro de Amarante.

La teoría popular que se escuda en el individualismo para justificar el adiós a las movilizaciones se desmorona si uno mira a su alrededor o al pasado. El mundo árabe se revela contra los dictadores y las injusticias sociales activan un protocolo no politizado que hace que la sociedad aplique el Fuenteovejuna, todos a una.

Pese a eso, la sociedad española tiene «unha capacidade movilizadora que está moi en entredito». Xan Hermida echa la vista atrás para recordar que «o dictador morreu na cama despois dunha larga enfermidade sen que houbera unha correlación de forzas que o votará a rúa. Non destapou ningunha movilización como está pasando no mundo árabe».

reportaje día del trabajo