«Rosa de dous aromas»: Con olor y sin voz

Leopoldo Centeno

PONTEVEDRA

La productora Teatro Proscrito ha ofrecido a los pontevedreses su versión de la obra del dramaturgo mexicano Emilio Carballido titulada Rosa de dous aromas, según traducción y adaptación de Lino Braxe, Isabel Blanco y Sabela Hermida; es decir, el director y las dos únicas actrices que intervienen en la obra, lo cual y a la postre vino a resultar un teatro intimista; casi diríamos, un teatro personal, interno, de puertas para adentro. Representar sobre las tablas una obra, supone para todo actor un acto de responsabilidad, habida cuenta que representa la propiedad intelectual de un escritor y un destinatario que merece todos los respetos, como es el público que tienen enfrente, a quien va dirigido el esfuerzo y el trabajo de dicho montaje.

Hoy en día, donde los medios para representar una obra de este tipo son amplísimos (escenografía, luces, vestuario, decorados, atrezzo, pantallas de proyección, efectos especiales, traducción simultánea, sonido, amplificación y un largo etcétera), parece tercermundista asistir a una obra de teatro y que su audición, salvo en las primeras filas, no se oiga lo suficiente para escuchar lo que se dice.

Tediosa representación

El teatro de palabras, primordialmente, contiene un texto que tiene que llegar a todos los espectadores. Un actor teatral debe disponer de voz suficiente para hacerse oír y, si no la tiene, debe valerse de los medios técnicos para ello, como es la amplificación del sonido, empleando micrófonos inalámbricos o estratégicamente situados en el escenario. Asimismo, las compañías deben ocuparse y preocuparse en este sentido.

Durante 70 minutos, hemos asistido a la tediosa representación de Rosa de dous aromas: obra montada sobre unos 15 cuadros (perdonen nuestra desconcentración), en la que se narra el diálogo entre dos mujeres que se encuentran en la sala de espera de una cárcel, descubriendo que ambas van a visitar al mismo hombre. Una es Gabriela, la esposa, interpretada por Isabel Blanco; la otra es Marlén, la amante, interpretada por Sabela Hermida. Ambas tienen hijos del preso que está recluido por un delito de violación. Tras superar el conocimiento del engaño, deciden trabajar juntas para reunir el dinero suficiente, a fin de sacar a su hombre de la cárcel. Todo ello da motivo para ahondar en el complejo mundo de los sentimientos femeninos. Al final, llegan a una conclusión distinta al motivo que las unió.

Una interpretación sin pena ni gloria, prácticamente inaudible, sobre todo por parte de Isabel Blanco y máxime al principio. A Sabela Hermida se le oyó algo mejor, pese a que su tono empleado fue algo artificioso. Rosa de dous aromas ha resultado: con olor y sin voz.

Lo más positivo que podemos anotar de la representación es la voluntad de la entidad organizadora, Novacaixagalicia, en apoyo del teatro gallego, con la convicción de que su auditorio posee equipo de amplificación y micrófonos inalámbricos y otros para estos menesteres. Por ser una opinión compartida con muchos espectadores, en este comentario, «ni quito ni pongo rey, pero ayudo a mi señor»: el Teatro.