Fue la primera bodega de Rías Baixas en producir espumoso y la reducción de vino
18 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Las uvas son la esencia del vino, y el vino lo es de las bodegas, pero en los últimos años los viticultores rebuscan entre su ingenio y profesionalidad la fórmula de la competitividad y la ilusión que los haga fuertes fuera de Galicia. Ahora ya son varios los especialistas que tienen en la carpeta de los deberes pendientes la de lanzar un espumoso. Sin embargo, la enóloga y propietaria de Lagar de Besada, María Sineiro, ha sido la primera en innovar. «Pueden tacharnos de locos, pero nadie nos lo dijo nunca a la cara. Lo que somos es arriesgados. Es fácil si sabes que asumes un riesgo y lo haces de forma consciente», explica.
Cada año, esta pequeña empresa de Meaño produce 3.000 botellas de Burbujas de Baladiña, un espumoso con un mínimo de 24 meses de crianza que marida a la perfección con un entrante o un aperitivo, e incluso con un arroz con bogavantes. «Nunca debe tomarse con el postre porque si metes esa presión en el cuerpo es fácil que te siente mal», explica Sineiro, quien señala que «necesitábamos hacer algo nuevo con la variedad del albariño y le dimos muchas vueltas al espumoso hasta que en las Navidades del 2006 salió a la calle la primera partida».
Prefieren no cuantificar la inversión que hicieron en este producto porque «asumes muchos gastos y responsabilidades, pero si le sumas el tiempo, la mano de obra y el producto...es mejor no pensarlo». El último producto que conquista los paladares sale de la bodega pero se come con cuchara. «En 2009 sacamos al mercado el gelée, una reducción del vino Baladiña, que pierde el alcohol y al que le añadimos cítricos», explica Sineiro. Este bote con apariencia de mermelada comparte plato tanto con una tostada como con codillo, salpicón de marisco o incluso como relleno de bombones.
Su color amarillo deja en el paladar una textura aterciopelada y fresca que obliga casi a volver a sumergir la cucharilla en uno de los tarros de 50 mililitros, que al igual que el espumoso, se venden solo en las tiendas delicatesen o en la bodega de Meaño.
El resto de caldos son intocables. Aunque todos se llevan una parte de su corazón, el Lagar de Besada, el Baladiña y la Añada de Baladiña 2004 son los niños bonitos, pero, como dice la enóloga «son productos diferentes y todos están muy mimados».
Esta pequeña empresa familiar en la que todavía trabajan los padres de María Sineiro y su marido, también enólogo como ella, es como un gran cerebro en el que maquinan a diario cómo innovar. «Ahora estamos trabajando en algo pero hasta que vea la luz no podemos decir nada», señala antes de despedirse.