Entre botefas y calacús

María Conde PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

El padre comenzó a cultivar estas calabazas hace 25 años y todavía recuerda cuando de niño las decoraba con velas para asustar a las vecinas mayores

31 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Hay que distinguir, como dice Julio Pazos, entre calabaza, botefa y calacú. La primera sería la conocida de los peregrinos, mientras que entre las otras dos la principal diferencia está en que la botefa es más blanda «e é mellor para dar aos animais» y el calacú, de mayor dureza, es la ideal para decorar en esta noche del Samaín o Halloween «porque se limpa moi ben por dentro; queda só a casquita e se ilumina toda».

Él mismo recuerda cuando de niño tenía la costumbre de colocar los calacús con velas en la carretera de Vigo, aún muchos días antes de la víspera de Difuntos. «Daquela, hai sesenta anos, pasaba un Ford cada media hora -ríe-. E paraban... Para nós era a diversión que tiñamos. O facíamos o domingo ao anoitecer e tamén roubabamos os calacús nas fincas e púñamolos nas casas onde había mulleres vellas para asustalas. O que máis e o que menos xa sabía onde habían. Pero despois iso se perdeu».

Mientras mira a su nieta Laura, disfrazada de pequeña brujita para la celebración del Samaín en el colegio, Julio comenta que la tradición está volviendo a recuperarse. «Empiezan agora a poñelos nos balcóns, ademais de levalas aos colexios, onde se llo inculcan». «Aquí viñeron a buscar unhas quince ou vinte pequenas este ano», apunta. No solo para la fiesta, sino también se las reclaman algunas vecinas para hacer dulces.

En la casa de los Pazos comenzaron a plantar las calabazas hará veinticinco años. Y hasta este, Julio y sus hijos se las daban a comer a los cerdos, que ahora no tienen. Pero las siguen disfrutando los pollos «e eu seguirei prantándoas, porque me gusta e isto ademais non ten traballo». «Só hai que sacarlle as malas herbas e tampouco convén andar por encima delas, hai que deixaras», advierte. Su hijo Alfonso indica que las suelen plantar en abril o mayo y en tres meses están listas, «aunque este no es año de nada». «Este ano é fatal -corrobora Julio-. Moitas secaron». «Sin embargo -apunta de nuevo su hijo- estos últimos años habíamos sacado algunas ernormes, que entre tres no éramos capaces de llevar».

Sus calabazas son incluso casi un atractivo turístico y Julio destaca que algunas veces, los conductores paran sus vehículos para hacerle fotos a su finca de Salcedo «sobre todo cando esto estaba cheo delas; é que están bonitas». Sobre su sabor, él destaca que le gustan, «aínda que a miña muller non mas prepara».