«Con una sola cerilla todo esto se convierte en un polvorín»

Serxio Barral Álvarez
Serxio Barral PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

Vecinos de Monte Porreiro denuncian que la maleza sin control amenaza al barrio ante la pasividad de las Administraciones

03 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Barrio de Monte Porreiro, calle Portugal. Un edificio de tres alturas, con 18 años de antigüedad, un bar y un taller eléctrico en los bajos y seis viviendas. Hasta ahí todo aparentemente normal. La amenaza está latente en la parte trasera del inmueble, que linda con una finca sin urbanizar en la que la maleza crece sin control pese a que los vecinos llevan cinco años enviando escritos a las Administraciones. Han llegado hasta el Defensor del Pueblo europeo, y nadie ha movido un dedo porque se trata de una parcela particular y su propietario, que reside en A Coruña, se desentiende de las quejas vecinales. Ni siquiera la proximidad de un depósito de propano, también amenazado por la maleza, ha hecho reaccionar a la Administración.

Patio trasero

Ramón es el propietario de una de las viviendas del inmueble. Concretamente, de un primer piso con un pequeño patio que da a la parte trasera. Desde allí se aprecia perfectamente la dimensión del problema, ya que la maleza lame literalmente el cierre de la terraza. «Una simple cerilla y todo esta maleza se convierte en un polvorín -asegura-. Ahora está algo verde, pero en verano todo esto estaba seco y el riesgo era mayor». Tanto, que Ramón y su familia optaron por irse a vivir a otro lado y tiene el piso en venta. «Cuando vienen y ven lo que hay ahí detrás, los posibles compradores se echan atrás».

Cuarenta firmas en el 2005

El problema viene de lejos. Ya en el 2005, los vecinos de la zona reunieron más de cuarenta firmas denunciando la situación y se encaminaron con ellas al Concello de Pontevedra. Poco después recibieron un escrito del alcalde en el que se daba cuenta de que se había ordenado al propietario de la parcela su limpieza. Esta nunca se ha llevado a cabo y desde el Concello tampoco han vuelto a preocuparse.

Ramón abre la puerta de su deshabitada vivienda y muestra, sobre la mesa de que fue habitación de sus hijos, un fajo de papeles. Son cerca de un centenar de escritos que él mismo ha ido cursando estos años ante el Concello, la Xunta de Galicia, el Valedor do Pobo, el Defensor del Pueblo, el Defensor del Pueblo europeo, la Subdelegación del Gobierno...

Entre los papeles hay alguna respuesta, pero siempre para despejar la pelota. Que si se trata de una competencia de otra Administración, que si es una finca particular, que si se ha dado orden de limpieza... Pero han pasado cinco años y la situación sigue igual. O peor, ya que la maleza ha crecido sin parar desde el 2005, y hoy hay hasta árboles de gran porte amenazando a las viviendas.