Alejandro Torrús es periodista. Es muy alto y está dispuesto a destapar cualquier tipo de abuso que pueda apreciar desde el tabique que separa la cafetería del comedor de la madrileña facultad de Ciencias de la Información.
-¿A qué se dedica usted en este momento?
-Trabajo en Rumanía en unos work shops, para presentar en un instituto, y viajo a Bosnia, para preparar un reportaje sobre minas en en este país.
-¿Y cómo se ve desde ahí la expulsión de gitanos en Francia?
-Con naturalidad. Creen que si un español o un francés se monta una casa en un suelo que no es suyo también se lo tiran abajo.
-Cuéntenos una de rumanos.
-Puedo contar cuando estuve en la fiesta de la embajada española codeándome con los peces gordos, empresarios y demás, vestidos con sus smokings, bebiendo sus cool coctails. Rajaban sin parar de los rumanos, criticando su forma de vestir, su forma de trabajar... y compartiendo en petit comité las tramas que llevaban a cabo para pagar menos impuestos en España y en Rumanía.
-¡Dios mío! Esto es un escándalo.
-Otra vez, en un aeropuerto, estaba sentado al lado de unos españoles, y ellos no sabían que yo también lo era. Y comentaban entre ellos cómo hacían las facturas para estafar lo máximo posible en su negocio. Uno era abogado, y el otro, un empresario. ¡Qué país!